Mentes Dementes de 26 de diciembre de 2025
Sobre este episodio
Llegamos al último programa del año. Un buen momento para hacer balance y mirar con perspectiva todo lo sucedido a nuestro alrededor en estos doce meses. Hoy partimos de dos noticias recientes, de ámbitos distintos, pero con un mismo trasfondo. La primera tiene como protagonista a una mujer octogenaria detenida por conducir ebria, insultar a los agentes y resistirse a la autoridad. Un hecho grave, sin duda, pero en el que lo llamativo no es solo el delito, sino cómo se ha desplazado el foco informativo, pasando de la conducta individual de la conductora a su edad. Titulares y debates han vuelto a poner sobre la mesa si las personas mayores deberían ver limitado su derecho a conducir, como si un caso concreto sirviera para juzgar a todo un colectivo. No se analiza lo que hizo una persona, sino lo que podrían hacer los mayores en general. Y eso tiene un nombre: edadismo. Este debate, además, no surge en el vacío. En este 2025 la DGT ha reforzado los controles y condiciones para los conductores mayores de 70 años, especialmente en casos de enfermedades crónicas o degenerativas. Medidas que se presentan como necesarias para la seguridad vial, pero que también serían exigibles a conductores de cualquier edad, y que reabren una cuestión de fondo: dónde situamos el equilibrio entre la seguridad y el respeto a los derechos individuales. La segunda noticia nos traslada al ámbito de la vivienda. El Gobierno ha pactado con Bildu la prórroga de la moratoria de desahucios y la prohibición de cortar suministros básicos, incluyendo situaciones ilegales como las viviendas ocupadas. Una decisión política que incide de lleno en el derecho de propiedad y en la seguridad jurídica de miles de ciudadanos que cumplen la ley, y que termina equiparando, y blanqueando, realidades muy distintas. En este último programa del año no queremos quedarnos solo en el análisis de estas dos noticias, sino utilizarlas como punto de partida para abrir un debate más amplio: el de los recortes de libertades que, en los últimos tiempos, se van imponiendo y normalizando, casi siempre envueltos en discursos de protección, seguridad o justicia social. Queremos preguntarnos, y preguntaros, si estamos aceptando demasiadas renuncias sin ser plenamente conscientes de ello. ¿Estamos empezando a juzgar a colectivos enteros por el comportamiento aislado de una sola persona, en lugar de analizar los hechos individuales?, ,¿Es legítimo restringir derechos “por si acaso”, aunque la mayoría de quienes los ejercen lo hagan de forma responsable?, ¿Estamos aceptando controles y limitaciones que antes nos habrían parecido excesivos simplemente porque se presentan como medidas de protección?, , ¿Se está diluyendo el concepto de vulnerabilidad hasta el punto de equiparar situaciones muy distintas entre sí?, ¿Puede una causa social justificar el debilitamiento de derechos fundamentales como la propiedad privada?, ¿Se están recortando otras libertades fundamentales, como la libertad de expresión, bajo el pretexto de proteger sensibilidades o evitar conflictos?, ¿Estamos perdiendo espacios seguros, como aceras, debido a la falta de exigencia en el cumplimiento de normas de circulación a quienes las ocupan con vehículos como patinetes?, ¿Hasta qué punto la falta de sanciones y control sobre conductas que ponen en riesgo a los peatones refleja un deterioro general de nuestras libertades y del respeto a la ley? ¿Tenemos hoy menos derechos que hace unos años o simplemente menos margen para ejercerlos sin supervisión o condiciones?, ¿Y, mirando al conjunto, estamos siendo conscientes de las libertades que vamos perdiendo poco a poco o solo reaccionamos cuando ya nos afectan directamente?