1392 - Evangelios. Los ciegos que vieron. Mt 20:30
Sobre este episodio
1392 – Mt 20:30 – Los ciegos que vieron. Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Jesús luego de enseñar sobre la verdadera manera de alcanzar la grandeza espiritual a través del servicio al prójimo pasa de la teoría a la práctica. Era necesario enseñar a los discípulos estar enfocados en hacer el bien y favorecer al necesitado. Un día los doce irían a recordar la curación en Jericó y todos los demás actos de misericordia que Jesús ejecutó, y comprenderían que su Señor nunca estuvo demasiado ocupado para ser compasivo, que nunca estuvo demasiado de prisa para sanar a los afligidos, y que nunca tuvo demasiada agonía para ser insensible a la agonía de otros. EL escritor a los Hebreos afirma: “Pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.” (He 2:18). En los pocos versículos de Mt 20:29-34 se encuentra una de las más bellas representaciones del corazón amoroso y compasivo de Dios. Mateo registra por lo menos tres características que Jesús hiciera durante su ministerio con las sanidades físicas.C1. La demostración poderosa de la compasión de Dios por los seres humanos una prueba de la condición mesiánica de Jesús. C2. Fue una anticipación del reino milenial, cuando habrá una era de mil años de ausencia de enfermedad, malestar y otras dolencias físicas. C3. Las sanidades de los dos ciegos físicamente, es símbolo de la sanidad más maravillosa, ser liberado de la ceguera espiritual. Fue un ejemplo vivo de lo que desea hacer por las almas ciegas. Un clamor perseverante (Mt 20:29-31). “Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. Jesús continua su camino de Jericó a Jerusalén, el camino a la cruz. “Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino”. Marcos y Lucas mencionan solo a un hombre, a quien Marcos identifica como “Bartimeo el ciego, hijo de Timeo”, y que al parecer fue el que habló por los dos (Mr 10:46; Lc 18:35). Posiblemente estaban en Jericó porque allí crecía un arbusto especial de bálsamo con el cual hacían una medicina para tratar la ceguera. En consecuencia, esa ciudad contaba con un buen número de personas ciegas que llegaban allí con la esperanza de ser curadas. Cuando oyeron que Jesús pasaba, Bartimeo y su amigo clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Estos ciegos no clamaban por una necesidad especifica, sino por misericordia y reconocían que Jesús era el Mesías al llamarlo “Hijo de David”. “Y la gente les reprendió para que callasen”. El mundo, y muchos cristianos, a menudo pueden ser insensibles y crueles. Los que estaban en la multitud estaban en mejor condición física, económica y social que los dos ciegos, pero pensaban solo en sus propios intereses egoístas, y la necesidad de los ciegos solo les causaba molestia. Pero los ciegos “clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!” Dios declaró así por medio de Jeremías: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer 29:13). Hay necesidades que solo el poder omnipotente de Dios puede resolverlas. Por lo cual, debemos perseverar en la oración descansando en la soberana voluntad y compasión de Dios. El Señor no quiere una oración ritual y nos instruye: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” (Jer 33:3). La promesa de Dios: “He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.” (Jer 33:6). Una necesidad conocida (Mt 20:32-33). “Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Jesús había enseñado en el Sermón del Monte que Dios conoce nuestras necesidades antes que le pidamos (Mt 6:25-34). Jesús conocía su necesidad por lo cual parece extraña su pregunta.