1444 - Juan. El nuevo nacimiento. Jn 3:5
Sobre este episodio
1444 – Jn 3:5 – El nuevo nacimiento. Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Jesús estando en Jerusalén en la fiesta de la Pascua recibió la visita de Nicodemo uno de los fariseos, un líder religioso judío. Jesús una vez más da a conocer su omnisciencia por tener la capacidad de discernir lo que hay en el corazón del ser humano. El Señor presenta a Nicodemo el plan de salvación de Dios para el ser humano y que Él es el mensajero principal cuya redención hace posible la salvación de los pecados para vida eterna. La verdad que Jesús desarrolla en el discurso con Nicodemo, no era una novedad que el Maestro presentaba, sino la recuperación de una verdad anunciada en la profecía, en la que se enseñaba desde siglos antes, que el hombre necesitaba una regeneración que le dotase de un corazón nuevo, literalmente de carne, esto es, sensible para obedecer a Dios. (Jer 31:33-34; Ez 11:19-20; 36:25-28). “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.” (Ez 36:25-28). Esta es la doctrina de la regeneración y que Pablo detalla luego como haber resucitado con Cristo en Ro 6:1-23; 2Co 5:17-18; Col 3:1 y Tito 3:3-7. Esto es parte esencial del objetivo del Evangelio, que los que leen conozcan a Cristo, para que crean en Él y experimenten el nuevo nacimiento, para justificación por la fe, para perdón de pecados y reciban la vida eterna (Jn 1:12-13; Ro 6:22-23). El problema de Nicodemo (Jn 3:1-3). “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.” Nicodemo (“conquistador del pueblo”) era un nombre griego común entre los judíos de la época de Jesús. Nicodemo vino de noche hasta donde estaba Jesús y se dirige a Él con mucho respeto. Nicodemo dijo a Jesús: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” Nicodemo era fariseo, conocedor de las Escrituras, miembro del sanedrín y uno de los que había creído en Jesús de manera superficial al ver sus señales (Jn 2:23-25). El reconocimiento de Nicodemo afirma que Jesús tenía poder para hacer todas aquellas señales. Jesús en su omnisciencia responde de manera clara y enfática, en base a la inquietud en el corazón de Nicodemo, conocer si entraría a reino de Dios y alcanzar la vida eterna. Jesús responde que como todo ser humano “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” La revelación de Jesús (Jn 3:4-8). Las palabras de Jesús causaron impacto en Nicodemo y en su ignorancia no ve la respuesta en lo espiritual sino en lo físico. “Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” El nuevo nacimiento está relacionado a la limpieza, purificación del pecado con la palabra de Dios (Jn 17:17; 1Pe 1:23) y la regeneración del Espíritu Santo (Tito 3:5-6), para darnos un corazón de carne, sensible a Dios. Como profetizó Ezequiel antes citado en Ez 36:25-28. Jesús hace énfasis que la única vía de acceso para entrar al reino de Dios y alcanzar la vida eterna es nacer de nuevo, engendrado de lo alto. “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.