1441 - Juan. El plan Andrés. Jn 1:40-41
Sobre este episodio
1441 – Jn 1:40-41 – El plan Andrés. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Jesús luego de regresar de la tentación del desierto, pasó como tres días cerca del Jordán y Juan el Bautista dio testimonio de Él. El primer día “yo no soy digno de desatar la correa del calzado.” (Jn 1:27). El segundo día “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Jn 1:29,34). En el tercer día Juan el Bautista va a proclamar “El Mesías ha venido”, luego: “He aquí el Mesías”, y finalmente: “Sigan al Mesías”, uniéndose así a Jesús sus primeros discípulos (Jn 1:37-51). Juan registra como segundo testimonio público del ministerio de Jesús, el llamamiento para salvación de los primeros discípulos, en un pasaje que ilustra perfectamente el equilibrio bíblico entre la soberanía divina y la responsabilidad humana. El plan Andrés: Las almas buscan a Dios (Jn 1:35-42). Juan el bautista al ver a Jesús le dice a dos de sus discípulos, Andrés y Juan el evangelista, he aquí el Cordero de Dios y “le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús.” (Jn 1:35-37). Cuando Andrés y Juan se fueron tras Él, volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: “¿Qué buscáis?”. Él no hizo esta pregunta para obtener información, puesto que en su omnisciencia ya sabía lo que ellos querían. Por ser seguidores de Juan el Bautista indicaba que Andrés y Juan estaban convencidos de su pecado y buscaban el perdón y la justificación del Mesías. Andrés y Juan, no respondieron directamente la pregunta, sino que hicieron otra a Jesús: “Rabí—que traducido es, Maestro—, ¿dónde moras?”. Rabí era un título de honor y respeto que traducido es Maestro (Jn 1:41-42; 9:7). Jesús les dice: “Venid y ved”. Jesús conocía sus corazones, que eran buscadores genuinos de Dios. Habían sido llevados a Él por el Padre (Jn 6:44) y el Espíritu Santo los había convencido de su pecado (Jn 16:8). El buscador sincero siempre encontrará a Dios (Dt 4:29; 1Cr 28:9; 2Cr 15:2; Jer 29:13). Juan y Andrés, en respuesta a la invitación, fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día. Juan registro hasta la hora del encuentro con Jesús, la hora decima, y es la primera mención del tiempo en el evangelio de Juan. Luego Andrés halló primero a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos hallado al Mesías”, que traducido es el Cristo. Andrés, no contento con solo haberle contado las buenas nuevas a Pedro de que había encontrado al Mesías, le trajo a Jesús. Cuando llegó, mirándole Jesús, dijo: “Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas”. La invitación de Andrés a su hermano se convirtió en el plan Andrés usado por la iglesia para evangelizar a la familia, vecinos y amigos. Las almas que buscan de manera sincera a Jesucristo siempre lo encontrarán porque Él promete: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn 6:37). Dios busca a las almas (Jn 1:43-51). “El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme”. Aquí se establece que a Felipe nadie lo llevó, tampoco buscó a Jesús; más bien, el contacto lo inició el Señor. Felipe, como Andrés, no pudo guardarse las buenas noticias, sino que fue y halló a su amigo Natanael quien respondió con incredulidad preguntando “¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.” La invitación a Natanael por Felipe es como la de Andrés a Pedro. Una luz encendida sirve para alumbrar a otros; de este modo se propaga la fe. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.”