EL MISTERIOSO HIPOGEO DE MALTA
Sobre este episodio
EL MISTERIOSO HIPOGEO DE MALTA El Hipogeo de Hal Saflieni, en la isla de Malta, es único templo subterráneo conocido, de toda la prehistoria. Los ritos y costumbres de sus constructores, siguen siendo un enigma. En 1902 unos albañiles excavaban los cimientos de un barrio nuevo a las afueras de Paola, en Malta. Bajo las casas, que intentaban edificar, descubrieron una serie de túneles artificiales. Muchos contenían miles de huesos humanos. El rumor se extendió y un grupo de expertos descendió al subsuelo. Aquello era mucho más antiguo que unas catacumbas romanas. Sus 500 metros cuadrados de salas y galerías conectadas entre sí, se repartían en tres niveles. En el superior, se arracimaban los restos de unas 7.000 personas. El inferior, en cambio, se hallaba casi vacío. El nivel intermedio era asombroso. Allí, la piedra se había tallado con mimo. Formando cornisas y escalones, perfectamente rectilíneos. La luz se filtraba desde el nivel superior y en las paredes y techas más iluminados, se apreciaban restos de pinturas rupestres. El acceso a varias salas imitaba las entradas de los templos megalíticos. Dos grandes rocas rectangulares, en posición vertical, que sostienen un bloque horizontal. Todo apuntaba, a que el conjunto era obra de un pueblo prehistórico. Temistocles Zemmit es conocido como el padre de la arqueología maltesa. Estudió el hipogeo durante treinta años y descubrió otra joya de la prehistoria maltesa: los templos de Tarxien. Y comprobó que el nivel superior se había empleado como cementerio durante muchos siglos, tal vez milenios. Consistía en un pasillo central con cámaras mortuorias a los dos lados. Algunos cuerpos fueron enterrados con un ajuar de joyas y herramientas. Ninguna de ellas era de metal, por lo tanto la construcción del hipgeo se remontaba al Neolítico. Es decir, que los artesanos crearon estructuras arquitectónicas impecables. Sirviéndose, únicamente, de rudimentarias herramientas de sílex. Se sabe que los primeros pobladores de Malta fueron agricultores procedentes del sur de Sicilia. y surcaron el estrecho para instalarse en el archipiélago, hacia el 5.000 antes de cristo. Fue un pueblo típicamente mediterráneo: bajos, robustos y sanos. Bien alimentados, gracias a una dieta a base de cultivos de cereales y olivas. Durante milenios, se organizaron en pequeños clanes. Y enterraron a sus muertos en grupos poco numerosos, excavando pequeñas tumbas en la roca. Pero entre el 3600 y el 3000 antes de cristo, algo cambió. Sin razón aparente, se embarcaron en una loca carrera. Donde levantaron, al menos, una veintena de santuarios, algunos compuestos por dos o tres templos contiguos. Se ha barajado un gran número de explicaciones para esta insólita fiebre inmobiliaria. Los isleños tenían contacto con el mundo exterior, puesto que importaban obsidiana, piedras verdes y tinte ocre. Una teoría supone que los distintos clanes rivalizaban entre sí para crear el templo más grande y complejo. En lugar de guerrear por tierras o comida, competirían por el favor de los dioses. Sin embargo, la hipótesis más aceptada sostiene que este fervor religioso se debió a una serie de hambrunas. La prosperidad de los primeros siglos dio pie a un gran crecimiento demográfico. Los agricultores, cada vez más numerosos, habrían deforestado la isla por completo. Esto provocó la erosión del terreno y su esterilidad. En el hipogeo hay varias estatuillas que representan a personas entradas en carnes. Ciertos autores creen ver en ellas un culto a la Madre Tierra o a una diosa de la fertilidad. Algo que tendría bastante sentido, en una sociedad donde escasea el alimento. La población creció, como hemos visto, y tuvieron ampliar el hipogeo. Se excavó un segundo nivel, destinado a los ritos fúnebres. Y luego, el tercero, sirvió como almacén. Ahora, la prioridad se centra en conservar el Hipogeo. La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1980. A raíz de esta fama, el número de visitantes se disparó. Hoy solo se permite acceder a ochenta personas por día. Por último, la humedad es uno de sus principales enemigos. No sabemos si los malteses del Neolítico concebían la muerte como un viaje o como un sueño. Arqueólogos de todo el mundo siguen buscando las respuestas.