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ROGER CORMAN: El rey de los bárbaros, las tetas y los monstruos de goma

· 13 min

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ROGER CORMAN: El rey de los bárbaros, las tetas y los monstruos de goma María Maruchi Pilar Folgado Tim Beniyork ¡BIENVENIDOS AL CINE MÁS GUARRINDONGO DE LOS OCHENTA! — ¡Tetas! ¡Culos! ¡Espadas! ¡Cabezas cortadas! ¡Monstruos de goma y guerreros con más músculos que neuronas! — Hubo una época en la que el cine fantástico parecía organizado por una asociación de bárbaros salidos de un gimnasio y una despedida de soltero. — Las mujeres perdían la ropa con una facilidad asombrosa, los villanos vivían rodeados de esclavas semidesnudas y los monstruos parecían fabricados con las sobras de una ferretería. — ¿El responsable de buena parte de semejante desmadre? — ¡Roger Corman, el legendario rey de la serie B! — Un productor que descubrió cómo convertir cuatro decorados, cinco espadas y veinte pares de tetas en un negocio cinematográfico extraordinario. — ¡Y lo mejor es que muchas de aquellas barbaridades se rodaron en Argentina! ROGER CORMAN: EL HOMBRE QUE CONVERTÍA LA BASURA EN ORO — Roger Corman, nacido en 1926 y fallecido en 2024, fue uno de los productores más astutos de Hollywood. — Su filosofía empresarial era sencilla: gastar poco, rodar deprisa y ofrecer al público aquello por lo que estuviera dispuesto a pagar una entrada. — Sexo, sangre, monstruos, persecuciones y mujeres ligeritas de ropa. — Si el argumento era absurdo, mejor todavía. ¡Nadie compraba una entrada esperando encontrarse con Shakespeare! — Corman ya había triunfado explotando películas de terror, cárceles de mujeres, enfermeras sexis y aventuras disparatadas. — Pero en 1982 ocurrió algo maravilloso para su cuenta bancaria. — Arnold Schwarzenegger estrenó Conan el Bárbaro y los espectadores enloquecieron con aquel festival de músculos, acero y brujería. — ¡Había nacido una nueva fiebre cinematográfica! — Y Corman pensó: «¿Para qué gastar una fortuna en otro Conan si puedo fabricar uno a precio de saldo y añadirle más tetas?». — En 1983 apareció Deathstalker, conocida también como El cazador de la muerte. — Una película dirigida por James Sbardellati y producida dentro de la maquinaria comercial de Corman. — Su protagonista, interpretado por Rick Hill, es un guerrero rubio, musculoso y con una peluca que parece haber sobrevivido a un incendio forestal. — Debe encontrar tres objetos mágicos: una espada, un cáliz y un amuleto. — Con ellos podrá derrotar a un hechicero malvado. — ¡Hasta aquí, todo estupendo! — Pero el héroe parece bastante más interesado en los cuerpos femeninos que en salvar el reino. — Cada pocos minutos aparece una mujer desnuda, una guerrera enseñando los pechos, una orgía cortesana o un villano babeando delante de sus esclavas. — ¡La espada encantada tenía poderes infinitos, pero el vestuario femenino parecía tener un presupuesto de tres pesetas! — Entre combate y combate aparecen monstruos deformes, brujas, guerreros en taparrabos y criaturas dignas de una pesadilla fabricada con plastilina. — Y atención: la película también incluye agresiones sexuales y situaciones de violencia contra las mujeres tratadas con una frivolidad que hoy resulta especialmente desagradable. — Aquello era cine de explotación en estado puro: provocación por encima de la lógica y espectáculo por encima de cualquier delicadeza. ARGENTINA: ¡HOLLYWOOD DESCUBRE EL CHOLLO! — Lo verdaderamente delirante es que Deathstalker se rodó en Argentina. — Corman llegó a un acuerdo con Aries Cinematográfica, la productora vinculada a Héctor Olivera y Fernando Ayala. — El país atravesaba una tremenda crisis económica y producir allí resultaba mucho más barato que en Estados Unidos. — Los estudios de Don Torcuato, cerca de Buenos Aires, se transformaron en castillos medievales, mazmorras, bosques encantados y palacios de degenerados. — ¡De repente, las afueras de Buenos Aires parecían el reino perdido de un Conan con resaca! — Participaron actores argentinos, técnicos locales, especialistas y luchadores profesionales. — Entre ellos, Víctor Bó, hijo del cineasta Armando Bó, famoso por sus películas eróticas con Isabel Sarli. — También apareció Richard Brooker, el actor que había interpretado a Jason Voorhees cuando el asesino estrenó su célebre máscara de hockey. — ¡De Viernes 13 a repartir espadazos entre bárbaros medio desnudos! — El rodaje principal duró apenas 37 días. — El presupuesto real rondó el medio millón de dólares. — Y la recaudación registrada en Estados Unidos y Canadá alcanzó unos 11,9 millones. — ¡Una barbaridad de dinero para semejante disparate! — Corman había encontrado su particular mina de oro. ¡TETAS, TETAS Y MÁS TETAS! LA FÓRMULA COMERCIAL — En aquel cine existía una palabra fundamental: sexploitation. — Películas que utilizaban el sexo, los desnudos y el morbo como reclamo comercial. — No eran películas pornográficas, pero algunas contenían más pechos desnudos que una playa nudista en pleno agosto. — La presencia de mujeres atractivas se convertía en parte del espectáculo, aunque sus personajes apenas tuvieran importancia. — En Deathstalker participó Barbi Benton, antigua modelo de Playboy, y Lana Clarkson, una imponente actriz que posteriormente protagonizaría Barbarian Queen. — Esta última se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de aquella fantasía bárbara. — Pero Corman todavía podía ir más lejos. — En 1984 produjo The Warrior and the Sorceress, con David Carradine y la actriz argentina María Socas. — Una aventura en la que María Socas aparece durante buena parte de sus escenas con los pechos completamente descubiertos. — ¡Una hechicera con poderes sobrenaturales, pero aparentemente incapaz de invocar una maldita blusa! — Al año siguiente llegó Barbarian Queen, con mujeres guerreras, venganzas sangrientas, desnudos y violencia sexual. — Y en 1987 apareció Deathstalker II, que convirtió aquella fórmula en una comedia fantástica todavía más descarada. — ¡La imaginación podía ser limitada, pero el descaro era inagotable! MONSTRUOS DE GOMA, PELUCAS Y EFECTOS ESPECIALES DE MERCADILLO — Otro ingrediente imprescindible eran los monstruos. — Criaturas con dientes de plástico, maquillajes imposibles, prótesis de látex y disfraces que dejaban bastante clara la presencia de un señor sudando dentro. — Algunos parecían diseñados por un escultor borracho. — Otros tenían la movilidad de una nevera cayendo por las escaleras. — Las espadas se doblaban, las armaduras parecían latas recicladas y determinados decorados daban la impresión de desplomarse si alguien estornudaba demasiado fuerte. — ¡Pero ahí estaba precisamente la gracia! — Todo era físico, artesanal, exagerado y descaradamente falso. — Nada de esconderlo detrás de una pantalla verde. — Si el monstruo parecía de goma, ¡era porque alguien había fabricado un maldito monstruo de goma! — Aquellas películas bebían de las ilustraciones de Frank Frazetta y Boris Vallejo. — Héroes musculosos, guerreras exuberantes, demonios, hechiceros y castillos imposibles. — Era el universo de la fantasía heroica convertido en un parque de atracciones para adultos. ¿CINE LIBRE O EXPLOTACIÓN DESCARADA? — Conviene recordar que aquella libertad tenía una cara bastante menos divertida. — Las mujeres aparecían muchas veces reducidas a cuerpos decorativos, víctimas de secuestros o premios sexuales para los protagonistas. — Algunas películas llegaban a representar violaciones con una ligereza que resulta difícil de justificar. — El hecho de que hoy provoquen carcajadas sus monstruos y sus efectos especiales no convierte automáticamente en inocente todo lo que mostraban. — Pero también sería absurdo negar su importancia histórica. — Roger Corman proporcionó oportunidades a numerosos cineastas que después serían enormes figuras de Hollywood. — Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, James Cameron y Ron Howard pasaron por su particular escuela de producción. — Su método era brutal: aprender haciendo películas, resolver problemas sobre la marcha y no desperdiciar ni un dólar. — Mientras unos productores gastaban millones intentando fabricar una obra maestra, Corman era capaz de levantar una película entera antes de que los otros hubieran terminado de elegir las cortinas. ¡EL VIDEÓCLUB ERA SU REINO! — Durante los años ochenta, estas producciones encontraron una segunda vida en los videoclubs. — Carátulas espectaculares, guerreros aceitados, mujeres semidesnudas, dragones, espadas ensangrentadas y títulos que prometían aventuras inolvidables. — Muchas veces el cartel era bastante mejor que la propia película. — Pero ¿quién podía resistirse a alquilar una cinta donde un bárbaro parecía enfrentarse simultáneamente a un ejército, tres demonios y cinco mujeres prácticamente desnudas? — Era cine rápido, excesivo, oportunista y absolutamente consciente de su público. — Y aunque muchas películas eran malas, algunas terminaron convirtiéndose en auténticos objetos de culto. — Porque lo que hoy parece una chapuza también puede ser un testimonio fascinante de cómo se fabricaba el entretenimiento antes de la revolución digital. CIERRE: ¡EL IMPERIO DEL BÁRBARO CALIENTE! — Roger Corman no necesitaba presupuestos gigantescos ni estrellas millonarias. — Le bastaban una espada, una peluca, un monstruo de caucho y alguien dispuesto a enseñar mucha piel delante de la cámara. — Sus películas podían desafiar las leyes de la física, las de la anatomía, la interpretación y el sentido común. — Pero había una ley que respetaban religiosamente. — ¡La de la taquilla! — Porque cuando una película que costaba medio millón de dólares podía recaudar casi doce millones en los cines norteamericanos, el productor no veía un desastre artístico. — ¡Veía un milagro económico! — Así que la próxima vez que veas a un guerrero con taparrabos enfrentándose a un monstruo de goma mientras una hechicera desnuda contempla la batalla... — No te preguntes quién demonios escribió semejante argumento. — Pregúntate cuánto costó rodarlo. — Porque Roger Corman convirtió la serie B en una industria, la falta de presupuesto en una virtud y el mal gusto en una oportunidad comercial. — ¡Y demostró que, en el cine de los ochenta, el monstruo podía ser de goma, la espada de plástico y la historia una auténtica mierda... pero la recaudación era de verdad!

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