Mentes Dementes 23 de abril de 2021
Sobre este episodio
Desde tiempos remotos, los artistas y científicos, han sido protagonistas de numerosos episodios de inspiración. Esas experiencias posibilitan sentir altos niveles de emociones positivas, y sin duda, cualquiera de nosotros, llegado el momento de experimentarlas, sería capaz de identificarlas. Sin embargo, resulta muy complejo definir de una forma profunda, cómo se alcanza ese estado. En el diccionario de la RAE se define como, “Estímulo o lucidez repentina que siente una persona y que favorece la creatividad, la búsqueda de soluciones a un problema, la concepción de ideas que permiten emprender un proyecto, etc., especialmente la que siente el artista y que impulsa la creación de obras de arte”. En consecuencia, no cabe duda de que la inspiración es la chispa necesaria para encender el fuego de la creatividad. El gran misterio reside en su origen, en averiguar si es un fenómeno momentáneo, producto del azar, algo sobrenatural, o si en realidad podemos encontrar una respuesta racional en el ámbito científico. Según la mitología griega, las musas eran la fuente de inspiración tanto en las artes como en las ciencias, y se encargaban de susurrar ideas creativas al oído de los mortales. De hecho, el término música es de origen griego, y significa, “el arte de las musas”. En este sentido basta observar la obra de grandes artistas, para creer que pudiera existir una especie de iluminación, de conexión con lo supremo, que permitiera recibir información en forma de música, pintura o literatura. Lo cierto es que si indagamos un poco en el campo de la ciencia, observamos que también existe un enorme interés por desvelar el funcionamiento de la inspiración. Desde la perspectiva de algunos expertos en biomedicina, se ha descubierto que determinadas redes cerebrales pueden dar lugar a este curioso proceso, dado que suele aparecer cuando hay una inhibición de dichas redes, es decir, cuando nuestro cerebro está más relajado. Por tanto, estaríamos ante una acción neurológica, en la que una red compuesta por distintas áreas del cerebro, provocaría que los componentes menos racionales actuaran por defecto, y se pusieran al mando. Así pues, la inspiración no se podría alcanzar concentrándose, ya que el mecanismo funcionaría justo al revés, alejándose del foco del asunto. Lo cierto es que ambas visiones están más cerca de lo que parecen, puesto que para alcanzar la inspiración es necesario estar tranquilos, relajados, e incluso abstraídos, En estos tiempos en los que parece imprescindible estar continuamente conectados, concentrados, y alerta ante tantísimos estímulos, nos enfrentamos al peor de los enemigos para la inspiración. Ya lo decía Picasso, “la inspiración existe, pero que te pille trabajando”, y eso es a lo que haremos esta noche, trabajar en lo que nos gusta, debatiendo, en esta ocasión, acerca de los posibles desencadenantes de la inspiración. ¿Qué es la inspiración?, ¿Es un proceso activo o pasivo?, ¿Está la inspiración relacionada con la locura y su delirio puede se terapéutico?, ¿Está reñida con la productividad?, ¿Estamos faltos de inspiración o la hemos idealizado?, ¿Qué cosas, tareas, lugares, os inspiran?, ¿Qué beneficia y qué perjudica al estado de inspiración?, ¿Qué actividades, rutinas u otros elementos se os ocurren que puedan estimularla?, ¿Las decisiones menos meditadas serían las más inspiradas?, ¿La inspiración es un fenómeno exclusivamente humano o podría llegar a emularse mediante inteligencia artificial?,