Mentes Dementes de 7 de noviembre de 2025
Sobre este episodio
Este fin de semana, el Auditorio Nacional de Música rinde homenaje al gran Ennio Morricone y a los cien años del cine. La Royal Film Concert Orchestra interpretará algunas de las bandas sonoras más conocidas: Cinema Paradiso, El Padrino, Casablanca, o El Bueno, el Feo y el Malo, entre otras. Melodías que nos han hecho llorar, soñar y viajar sin movernos de nuestra butaca. Porque la música, de alguna manera, nos define. Cada canción ocupa un lugar especial en nuestra memoria. Se asocia a personas y a momentos. Cada época tiene su música, y cada sociedad, su propia banda sonora original. En ese universo sonoro tan variado, y como ya lo hicieran otros como Bowie o Madonna, la artista Rosalía ha vuelto a romper los esquemas con su nuevo disco, Lux. Con orquesta filarmónica, polifonía y letras en trece idiomas, ha decidido dejar atrás sus antiguos sonidos más comerciales y reguetoneros para adentrarse en un terreno de mayor complejidad vocal y exquisitez musical. En tiempos dominados por el autotune y las fórmulas facilonas, su propuesta podría considerarse una apuesta por la excelencia y la autenticidad. Este nuevo proyecto no ha dejado a nadie indiferente: algunos la han acusado de elitista y de haberse alejado del público popular, mientras que otros la han aplaudido por su audacia y valentía. Y, como suele ocurrir, no han faltado quienes han querido interpretar su música desde la ideología, como si cada nota llevara implícito un mensaje político. Pero la artista no ha mencionado ni a Palestina ni a Israel, ni a la derecha ni a la izquierda. Rosalía ha sido clara: “este disco no es político, sino espiritual y emocional, una búsqueda de belleza en medio del caos”. Morricone y Rosalía, cada uno a su manera, nos recuerdan que la música no solo se escucha: se disfruta, y hasta se vive. Que el arte verdadero no nace de lo fácil, sino del deseo de evolucionar, arriesgarse y ser diferente. Aunque no ser como los demás tiene sus riesgos, porque innovar suele provocar reacciones. En su día, Morricone también se salió de la normalidad: usaba silbidos, látigos, guitarras eléctricas, coros, ruidos o voces rotas. Fue criticado y acusado de ir contra el canon clásico, incluso de destruirlo, y años después se convirtió en uno de los compositores más brillantes y admirados. Y quizá por todo esto, hoy queremos debatir sobre si nos están imponiendo una banda sonora (musical, ideológica o cultural), que no hemos elegido y con la que no nos sentimos identificados. ¿Por qué la música tiene tanto poder para definirnos y acompañarmos en nuestra vida?, ¿cada época tiene su propia banda sonora que refleja cómo somos como sociedad?, ¿estamos viviendo una época musical más libre o más condicionada por las modas, los algoritmos y el mercado?, ¿Rosalía con Lux está siendo valiente y rompedora con lo comercial?, ¿por qué cuando alguien se sale del molde, inmediatamente se le juzga o se le intenta etiquetar ideológicamente?, ¿hemos perdido la capacidad de disfrutar del arte sin buscarle un significado político o moral?, ¿vivimos en una sociedad que premia la originalidad o que castiga al que no sigue la corriente?, ¿ser diferente hoy es una forma de rebeldía o simplemente una necesidad de identidad?, ¿nos están imponiendo una “banda sonora” , musical, ideológica o cultural, que no hemos elegido?, ¿preferimos una sociedad que suene “bien” o una que suene “auténtica”, aunque desafine un poco?