Ezequiel 16 "Infidelidad de Jerusalén"
Sobre este episodio
La fidelidad de Dios es el fundamento sobre el cual descansa nuestra esperanza, ya que Él permanece constante, incluso cuando fallamos o nos alejamos. Su fidelidad no depende del mérito humano, sino de su carácter eterno y de sus promesas. A lo largo de la historia bíblica, Dios demuestra que no olvida el pacto que hizo, que no abandona a los suyos, y que su misericordia se renueva incluso después del juicio. Dios muestra que su fidelidad trasciende el pecado y apunta hacia la restauración. Así, su fidelidad no solo nos sostiene, sino que nos transforma, redime y renueva.