1385 - Evangelios. El divorcio. Mt 19:3
Sobre este episodio
1385 – Mt 19:3 – El divorcio. Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Mateo inicia el capítulo diciendo: “Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.” (Mt 19:1-2). Estos versículos marcan el final del cuarto discurso de Jesús con la frase acostumbrada, “cuando Jesús terminó estas palabras”. Mencionadas también en Mt 7:28; 11:1; 13:53; 26:1. Además, presentan el inicio del ministerio de Jesús en Perea, al oriente del rio Jordán. Lucas es quién da más detalle dedicando diez capítulos a este último ministerio en Perea (Lc 9:51-19:28). Grandes multitudes siguieron a Jesús y los que estaban enfermos fueron sanados. Pero también dentro de las multitudes había enemigos del Señor. “Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?” (Mt 19:3). Jesús aprovecha este nuevo ataque para enseñar sobre el divorcio. La respuesta al ataque (Mt 19:4-6). “Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” Las primeras palabras de Jesús no tuvieron nada que ver con la pregunta del divorcio, sino que fueron un reproche sarcástico para los eruditos fariseos, quienes se jactaban de tener un gran conocimiento de las Escrituras. El Señor al citarles Génesis 1:27 y 2:24 estaba diciéndoles: “La pelea de ustedes no es conmigo sino con Dios”. Sus palabras debieron haber dolido a los orgullosos y arrogantes fariseos, quienes se consideraban las autoridades supremas en las Escrituras. Con estos dos versículos el Señor presentó cuatro razones porque el divorcio (el repudio) nunca estuvo en el plan de Dios. R1. Dios los hizo al principio, varón y hembra los hizo. (Gn 1:27). Jesús les estaba diciendo que Dios no hizo un grupo de varones o de hembras para escoger con quien casarse. Esto también enseña que la definición de matrimonio es entre un hombre y una mujer. Cualquier otra unión entre personas de igual sexo no entra en la definición de matrimonio. R2. Por esto el hombre dejará padre y madre (Gn 2:24a). Como Adán y Eva no tenían padres, dejar padre y madre era un principio que debía proyectarse y aplicarse a todas las generaciones futuras. Este principio no significa que el hombre abandona a los padres, sino que dará prioridad a su conyugue para formar una nueva familia. R3. El hombre se unirá a su mujer (Gn 2:24b). Este es el principio de permanencia para toda la vida. Ya que la palabra “unirá” son la unión de dos piezas pegadas e inseparables, y que si se tratan de despegar se rompen quedando ambas fracturadas, rotas. R4. Los dos serán una sola carne. (Gn 2:24c). Es el principio de la unidad en el matrimonio. Significa que la pareja ya no son dos, sino uno, y al unirse forman una solo unidad de igualdad e inseparables. Tal como Pablo declara: “La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer”. (1Co 7:4). La palabra hebrea moderna para matrimonio, kiddushin, es un vocablo íntimamente relacionado con los términos para santo y santificado, que tienen el significado básico de ser apartados y consagrados para Dios. Jesús concluye con un no rotundo sobre el divorcio diciendo: “por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” Dios no acepta el divorcio (Mt 19:7-9). En el corazón de Dios no está el divorcio. Pero el ser humano se opone a Dios y busca siempre argumentos no válidos como los fariseos que preguntaron “¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y