1390 - Evangelios. Los sufrimientos de Cristo. Mt 20:17-19
Sobre este episodio
1390 – Mt 20:17-19 – Los sufrimientos de Cristo. Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará. El sufrimiento y la muerte del Mesías fueron planeados por nuestro Dios Padre celestial siglos antes de ser maquinados en las mentes de hombres malvados. Las primeras palabras registradas de Jesús en su infancia fueron afirmando: “En los negocios de mi Padre me es necesario estar” (Lc 2:49), y entre sus últimas palabras antes de su muerte estuvieron: “Consumado es” (Jn 19:30). Jesús sabía por qué estaba en la tierra, incluso todo detalle de su vida y su ministerio. La soberanía, omnisciencia y poder de Dios es registrada por los evangelios y manifestado dos veces por Jesús a sus discípulos mucho antes de su muerte y resurrección en Mt 16:21; 17:22-23. Ahora por tercera vez Jesús vuelve a anunciar de manera clara, sencilla y entendible para sus discípulos, que sería condenado a morir crucificado y resucitaría al tercer día. Otra evidencia fue al Jesús afirmar: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” (Jn 10:17-18). Los profetas y salmistas, inspirados por el Espíritu Santo, más de 700 años antes habían anunciado los sufrimientos del Mesías. Isaías, registra el ministerio y sufrimientos del Mesías, con cuatro cánticos, salmos, denominados los cánticos del siervo sufriente (Is 42:1-9; 49:8-13; 50:4-10; 52:13-53:12). David, en su salmo de oro, profetizó la resurrección del Mesías: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción.” (Sal 16:10). Esto fue recordado por Pedro en su primer mensaje en Pentecostés (Hch 2:27). El plan del sufrimiento de Jesús (Mt 20:17-18a). “Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén.” Jesús había iniciado la etapa final del camino a Jerusalén. Por tercera vez, Jesús anuncia su muerte y resurrección a los doce discípulos, conforme al programa y voluntad de Dios. Cada vez lo hace con mayores detalles. El camino a Jerusalén era el camino a la cruz. El plan de redención prometido en Génesis 3:15 estaba cerca de consumarse y para eso había venido al mundo según Lucas 19:10. Su encarnación tenía que ver con poder gustar la muerte por todos (He 2:9,14,15). El mismo había afirmado que ponía su vida voluntariamente (Jn 10:18). Pero con toda la experiencia por la que iba a pasar, anticipadamente planificada, produciría que en el momento cercano afirmara: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte.” (Mt 26:38). Sin embargo, según Marcos el Señor iba con buen ánimo delante de los discípulos que lo seguían asombrados y con miedo (Mr 10:32). El plan divino era que Jesús fuera a Jerusalén a fin de que se cumplieran “todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre” (Lc 18:31). El Señor no solo conocía esos acontecimientos, sino que los predijo por medio de sus profetas. Dios había profetizado por medio de Moisés que ninguno de los huesos del Mesías sería quebrado (Éx 12:46; Nm 9:12; Jn 19:33). A través de los salmistas predijo que el Mesías sería clavado en una cruz (Sal 22:16), que echarían suerte sobre sus vestiduras (Sal 22:18), que le darían vinagre para que bebiera (Sal 69:21), que clamaría de dolor (Sal 22:1), que resucitaría de los muertos (Sal 16:10), y que ascendería al cielo (Sal 110:1). Zacarías predijo la entrada del Mesías a Jerusalén, montado sobre un pollino (Zac. 9:9), la traición por treinta monedas de plata (Zac 11:12), la deserción de sus amigos (Zac 13:7), y que sería traspasado (Zac 12:10).