1416 - Evangelios. El siervo prudente. Mt 24:45
Sobre este episodio
1416 – Mt 24:45 – El siervo prudente. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Una de las siete ilustraciones que permite mayor comprensión de lo que supondrá la segunda venida de Jesucristo, está basado en el comportamiento de un siervo fiel y prudente. El Señor bendecirá la fidelidad en el servicio en su obra y castigará con el fuego eterno a los siervos infieles. La fidelidad y la prudencia (Mt 24:45-47). “¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?” Este siervo del ejemplo había sido constituido por el dueño para administrar las provisiones para el sostenimiento de la casa. En la segunda venida de Jesucristo habrá siervos fieles que estarán cuidando de la casa de Dios, pero habrá otros que no lo harán así. La pregunta del Señor es como si dijese ¿Dónde estará un siervo semejante a este? Las dos características del siervo son la fidelidad y prudencia. La fidelidad es demanda por Dios a sus siervos. Pablo enseña: “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.” (1Co 4:2). La fidelidad es un componente del fruto del Espíritu Santo que se debe manifestar en todo servidor de Dios (Gá 5:22). Un creyente fiel es mucho más que un hombre creyente. El siervo fiel da el alimento necesario en el momento oportuno a los demás siervos del Señor. En cierto modo es un trabajo pastoral. El verdadero pastor, llamado, capacitado y apoyado por el Señor se ocupa de dar el alimento apropiado a los que son, además de hermanos en la fe, siervos de Dios. El señor afirma: “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” (Mt 24:46). El siervo de Dios que da testimonio de ser fiel y prudente será bienaventurado, muy feliz, dichoso. No es un siervo que habla de compromiso de vida, sino que actúa dando testimonio de ese compromiso. El siervo fiel y prudente es bienaventurado porque está cumpliendo la encomienda recibida en el momento que se presente su señor. Será bienaventurado porque es agradable a su señor. Será bienaventurado porque estará pastoreando y no manoseando ni enseñoreándose de los demás siervos del señor. Pedro se coloca al mismo nivel de los demás siervos recordando: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1Pe 5:2-4). La fidelidad recibirá recompensa del señor que promete “De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.” (Mt 24:47). Un ejemplo fue la recompensa que recibió José en la casa de su amo Potifar (Gn 39:1-6). Una de las recompensas será: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Ap 3:21). La infidelidad y sus consecuencias (Mt 24:48-51). ”Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos,” En contraste con el siervo fiel y prudente el Señor presenta la antítesis de un siervo malo, impío. La misma situación, pero diferente persona con un corazón lleno de incredulidad, violencia, perversión del ejercicio de autoridad, inmoralidad, y falta de integridad espiritual. “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” (Pr 23:7). Son las características de los falsos siervos, pastores y maestros descritos por Pedro y Judas (2Pe 2:12-21; Judas 12-16). Nadie en el liderazgo debe caer en el pecado de pretender en ser el primero en la iglesia como el mal ejemplo de Diótrefes (3Jn 9-10). El título de honor para un creyente no es el de dueño, sino de siervo de Jesucristo (1Co 4:1).