Vagabundos: el costo de la incredulidad - Casa de Gracia
Sobre este episodio
Sin Cristo, el ser humano vive como un vagabundo espiritual: anda errante buscando respuestas, sin el conocimiento de Dios que guíe su vida. Pero esta vagabundez no está solo fuera de la iglesia; también hay creyentes que, aunque creen en Jesús, no han confiado en las promesas de la Biblia y por falta de fe viven en ansiedad, temor y angustia, como si no tuvieran al Señor. La incredulidad es falta de fe, y su costo es altísimo. En Números 13 y 14, Israel llega a la frontera de la tierra prometida y confirma con sus propios ojos que Dios cumplió su palabra: una tierra que fluye leche y miel. Sin embargo, diez espías enfocan su mirada en el tamaño de los enemigos y divulgan un mal informe, mientras Josué y Caleb ven la misma realidad a la luz de quién es Dios. La incredulidad entra por la vista y por el oído: por lo que vemos que nos roba la fe y por las mentiras que contradicen lo que Dios ya ha dicho. Esa incredulidad no es neutral; lleva a la rebelión, al pecado y, finalmente, a quedar fuera de la promesa. El enojo de Dios contra la incredulidad es justo, porque la evidencia de su obra en la creación, en las Escrituras y en nuestra vida es abrumadora. Aun así, la fe le es contada por justicia: como a Caleb, Dios considera fiel a quien cree. Por eso el llamado es a arrepentirse de la incredulidad y creer en Jesucristo, quitando los ojos de lo que roba la fe y poniéndolos en Él, orando con humildad: «Creo, Señor, ayuda mi incredulidad».