Siempre agradecidos - Casa de Gracia
Sobre este episodio
La gratitud no es un sentimiento ocasional, sino la actitud de vida que Dios desea para Sus hijos. Nuestra tendencia natural, en un mundo caído y en un corazón pecaminoso, no es agradecer sino quejarnos; la ingratitud es sutil y nos contagia hasta que, sin darnos cuenta, nos quejamos de todo. Por eso Dios revela Su voluntad de forma clara: «dad gracias en todo» (1 Tesalonicenses 5:18). No se trata de dar gracias POR todo lo malo, sino de reconocer que aun EN medio de la aflicción hay motivos suficientes para voltear al cielo y decir gracias. La gratitud es cuestión de enfoque: dónde ponemos nuestros ojos. El mundo predica una gratitud positivista que se derrumba ante los problemas graves, pero la gratitud bíblica fija la mirada en lo eterno, en las riquezas que tenemos en Cristo y que nadie nos puede arrebatar. La salvación, el perdón de los pecados y la vida eterna son firmes porque Cristo es firme. Un corazón ingrato, en cambio, se envanece, se oscurece y se llena de orgullo, queja, envidia y amargura, llevándonos por caminos equivocados. Para mantener el corazón agradecido recordemos tres verdades: todo nos ha sido dado, no merecemos lo que nos ha sido dado y es más grande de lo que imaginamos. La historia de los diez leprosos nos revela que lo común en el ser humano no es la gratitud: solo uno regresó a glorificar a Dios, rendirse y dar gracias. Cada día debemos volver nuestro rostro a Jesús y agradecer, porque lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz es suficiente para que estemos eternamente agradecidos.