Almas vacías - Casa de Gracia
Sobre este episodio
Nunca sentí el dolor de la soledad hasta que empecé a oír su sonido: ese vacío profundo que ni la fama, ni el dinero, ni mil amores logran llenar. Neil Diamond, millonario y aplaudido en estadios, confesó seguir siendo «rana» por dentro; Juan Gabriel, dueño de mansiones, clamaba por «un buen amor» que lo librara de la soledad; y hasta el rey Salomón, el más rico y sabio de Israel, con setecientas esposas y toda clase de placeres, concluyó: «vanidad de vanidades, todo es vanidad». El vacío no se quita con nada de lo que el mundo ofrece. A esa carencia la Biblia la llama sed de Dios. Fuimos creados por Dios para ser llenos de Dios, y entre más nos alejamos de Él, más vacíos nos sentimos. Por eso la gente busca llenarse con nuevos amores, con religiones, con yoga, meditación, drogas y diversiones; pero todo eso es apenas un mejoralito para curar un cáncer. La mujer samaritana había tenido cinco maridos y seguía sedienta, hasta que Jesús le ofreció el agua que salta para vida eterna: el que la bebe no vuelve a tener sed jamás. Ese vacío solo lo llena Dios en la persona de Jesucristo morando en el ser humano por el Espíritu Santo. No es religión ni iglesia: es Dios entrando en tu vida, como entró en la mía a los diecisiete años y acabó con mi vacío para siempre. La paz de Cristo no es como la del mundo, que es efímera; es una paz que sobrepasa todo entendimiento, que guarda el corazón y es el principio mismo de la felicidad. Tus familiares y amigos sin Cristo tienen sed: es tu deber hablarles de esta agua.