EL ORO AMARGO O EL CHOCOLATE
Sobre este episodio
¡Vótame en los Premios iVoox 2026! Hace más de quinientos años, un poeta ya sabía que el cacao era mucho más que un alimento. Era una celebración de la vida. Era un regalo para los dioses, un consuelo para el corazón y una forma de vencer, aunque fuera por un instante, el olvido. Hoy sabemos que la historia del cacao es todavía más antigua. Sus primeras huellas conocidas nos conducen a las planicies selváticas de Palanda, en la Amazonía ecuatoriana, donde hace más de cinco mil años nuestros antepasados ya conocían y utilizaban este fruto extraordinario. Aquellas mazorcas doradas crecían bajo la sombra del bosque, reunidas como una ofrenda silenciosa de la naturaleza. Nadie podía imaginar entonces que aquel fruto recorrería el mundo. Con el tiempo sería bebida ceremonial y alimento de ayuno; ofrenda para los dioses y moneda para el comercio; sostén de imperios, pago de espías, origen de inmensas fortunas y también motivo de ambición para corsarios y piratas. Y, sin embargo, después de tantos siglos, seguimos rindiéndonos al mismo hechizo: el delicado crujido de una tableta bien templada; el perfume que asciende de una taza de chocolate caliente; la infinita capacidad del cacao para transformarse en postres, bebidas, salsas y recuerdos. Pocos alimentos han cambiado tantas veces de rostro sin perder nunca su alma. Hoy, en El Gusto es Mío, vamos a seguir las huellas de ese fruto extraordinario que nació en esta tierra y terminó conquistando el mundo.