WOOD WIDE WEB LA VIDA SECRETA DE LOS ÁRBOLES
Sobre este episodio
WOOD WIDE WEB LA VIDA SECRETA DE LOS ÁRBOLES La ingeniera forestal de la Universidad de la Columbia Británica, Suzane Simard, ha hallado curiosas pruebas sobre los árboles. Demuestran que son seres sociales que cooperan y se comunican. El bosque se comporta como un organismo interconectado a escala microscópica. Utiliza una compleja trama subterránea. La Wood wide web. Las raíces arbóreas pueden expandirse entre dos y cuatro veces la distancia del diámetro de su copa. Se entrelazan con los micelios. Son la masa de delgados filamentos subterráneos de los hongos. Y forman gigantescas redes de información. No sólo transportan agua y nutrientes. También se envían mensajes de ánimo o de peligro. Se comunican mediante su propio sistema. Suzane comprobó que las plantaciones aisladas carecían de la misma vida. No eran más que hileras de la misma especie. Crecian tristes, más despacio y con menos vigor que sus hermanos del bosque. Ella los compara como si fueran niños en un orfanato. Privados del afecto de sus familiares. Simard también descubrió que en las plantaciones, los árboles enferman y se vuelven más vulnerables a los ataques de insectos. El secreto se encuentra bajo la tierra. La micorriza es la simbiosis de la raíz de una planta con un hongo. El hongo coloniza la raíz. Y recibe compuestos de la planta mediante la fotosíntesis. La relación es de mutuo beneficio. El hongo capta agua y minerales a través de su extensa red de micelios. Luego, se la transifere a la planta. Los hongos se enredan como una maraña de filamentos a lo largo de kilómetros bajo la superficie. Las setas serían su fruto. Los árboles usan su eficiente autopista de información para comunicarse con todo el bosque. A cambio, comparten con ellos azúcares y nutrientes. Simard realizó un experimento para la revista Nature, hace veinticinco años. Quería estudiar la relación entre dos especies genéticamente distantes. Pero que solian estar juntas en la naturaleza. Inyectó isótopos de carbono en las hojas de abedules y comprobó que esas moléculas llegaban a los abetos en primavera. Sus vecinos, que crecían a la sombra de su denso follaje. En invierno, las tornas cambiaban. Los abetos pasaban los isótopos a los abedules, que son de hoja caduca. Así supo que los árboles se comunican. El sentido de sus mensajes depende de sus necesidades. Los abedules, sin hojas, viven más precariamente en invierno. Los abetos sufren más el resto del año, porque no pueden hacer bien la fotosíntesis a la sombra. La investigadora también descubrió que los árboles más vigorosos y de mayor edad aportaban nutrientes a los más jóvenes. Tenía sentido, entonces, que en las plantaciones madereras, los árboles crecieran más débiles. Por las redes subterráneas de micorriza circulan los nutrientes de los árboles. Y se envían señales bioquímicas que advierten de peligros. Lo comprobaron en la Universidad de Aberdeen, en Escocia. Estudiaron unas plantas de judías infestadas de áfidos. Unos insectos que las destruyen. Al comprobar que a sus vecinas les habían atacado, Ya tenían dispuestos unos compuestos químicos para defenderse. Sus compañeras enfermas les habían enviado una señal de alerta. Incluso, los abetos que habían perdido sus hojas por el ataque de insectos, transmitían señales de estrés a los árboles vecinos. Y no solo a los de la misma especie. Como respuestas, estos activaban unos genes que ponían en marcha enzimas defensivas. Los árboles se ponen en guardia a base de fabricar tóxicos defensivos, resinas o engordando su corteza. El bosque pasa su legado. Los árboles moribundos pasan su información a las nuevas generaciones. De forma, que los jóvenes crecerán más fuertes. Los expertos recomiendan que no se corte de repente la madera de los árboles enfermos en el bosque. Porque así impedimos que pasen su sabiduría al resto. La ciencia también lo ha analizado. Simard comprobó su Adn. Hallaron un abeto de 94 años de edad conectado con 47 árboles. Los más grandes y viejos son conocidos como árboles madre. Alimentan al resto mediante su red de micorrizas. Esa sería la conexión de la Wood Wide Web. Una gran red que comunica a todo el bosque. Es muy parecido a cómo funciona nuestro cerebro. Nuestro órgano pensante está conectado por redes neuronales por donde circula la información. El Proyecto Árboles madre trata de profundizar en esta red subterránea. Las enormes copas de algunos árboles recogen la energía del sol. Producen grandes cantidades de glucosa en sus hojas. Y la comparten con los que tienen menos acceso a la luz solar. Que suelen ser los recién nacidos. Así funciona esta comunidad natural. La vida secreta de los árboles.