CUANDO SEA LA HORA DE LA SINGULARIDAD
Sobre este episodio
CUANDO SEA LA HORA DE LA SINGULARIDAD La imagen popular… Las expectativas generadas por la ciencia ficción, han dominado en los análisis por encima del consenso de los especialistas en inteligencia artificial. Estos últimos, suelen ser más prudentes. El escenario futuro, que más interés suscita y, a la vez, más incertidumbre genera, es el de la singularidad. Es decir, el momento en el que se creara una inteligencia artificial general. Y las máquinas serán capaces de crear otras más inteligentes que ellas mismas. Incluso, podrán perfeccionarse a sí mismas. A este proceso lo llaman una explosión de inteligencia. Y será el momento en el que podrían tomar el control. Ray Kurzweil es un ingeniero de Google.´ Él cree que esto ocurrirá en torno al año 2045. Aunque otros expertos sitúan este avance, quizás para el próximo siglo. No faltan nombres relevantes que opinen que es muy probable que, tarde o temprano, se dé la Singularidad. Como Elon Musk, Bill Gates, el filósofo Nick Bostrom o el científico Stuart Russell, entre otros. Sin embargo, para otros expertos en inteligencia artificial todavía falta camino que recorrer para llegar a ese punto. La cuestión de si habrá máquinas capaces de crear otras máquinas más inteligentes, ha sido un tema planteado desde el origen de la inteligencia artificial. John Von Neumann fue uno de los pioneros en hacerlo. Su conclusión es que podría ser posible si alcanzamos un nivel de complejidad lo bastante alto. La pregunta sería si esto daría lugar a una mejora recursiva. Es decir, si esto ocasionaría que las propias máquinas pudieran llegar a crear máquinas mejores. El primer paso es el de lograr una inteligencia artificial general, AGI por sus siglas en inglés. Esto implica que los sistemas podrán tener un grado razonable de autocomprensión y autocontrol autónomo. Además de capacidad para resolver una variedad de problemas complejos en distintos contextos. Para que se produzca la Singularidad las maquinas deberían tener una cierta autoconsciencia y voluntad. Para algunos, esto querría decir que las constituiría en agentes morales. La IA ha experimentado un progreso sorprendente desde mediados de la primera década de este siglo. Esto no se ha debido a ningún cambio revolucionario de paradigma. Sino a dos factores más prácticos: Por un lado, el aumento en la capacidad de memoria y en la velocidad de computación del hardware. Y, por el otro, el acceso a los big data. Que son las cantidades de datos almacenadas en nuestros ordenadores. Para ello, se valen de algoritmos muy eficientes, como los del aprendizaje profundo y redes neuronales más complejas. Con todo, no sería suficiente para conseguir máquinas superinteligentes. Para lograr este objetivo, las máquinas tendrían que poder realizar muchas tareas distintas. Aprender sobre la marcha y conectar esos aprendizajes con otros nuevos. Siendo capaces de entender que guardan una cierta relación, aunque pertenezcan a contextos diferentes. De momento, no hemos alcanzado este nivel. Sin embargo, en el actual estado de la IA ya hay otros debates que suscita su uso. Como el control de los datos, la pérdida de privacidad, los sesgos de los algoritmos, los ciberataques, la desinformación mediante chatbots o las armas autónomas. Por lo tanto, antes de preocuparnos por el siguiente paso que la IA pudiera dar, deberíamos de evaluar ya estos asuntos. Para así prestar atención a qué decisiones concretas pondremos en manos de máquinas superinteligentes. Es difícil predecir los impactos sociales que tendrán. Lo cierto es que esta tecnología tan disruptiva producirá cambios muy profundos. Los expertos plantean varias soluciones. Como la de no dar pie a una AGI hasta no estar seguros de poder mantener su control. O de poder infundir en ella valores morales. En lugar de ello, el camino a seguir pasaría por crear inteligencias artificiales que aumenten, mediante la cooperación, la propia inteligencia humana. En conclusión, no podemos dejar estas decisiones tan importantes en poder de los propios sistemas. Ni tampoco en manos de las empresas que las dirigen. Urge que las instituciones adecuadas hagan normas efectivas. Que regulen la investigación y la aplicación de esta tecnología.