EL CEREBRO ILUSO
Sobre este episodio
EL CEREBRO ILUSO Los ojos, a veces, nos juegan malas pasadas. La vista no es un sentido tan fiable como pensamos. Observad esta ilusión óptica. Aunque la parezca, no se mueve. Sin embargo, parece que sí. Se ha publicado un estudio reciente en la revista científica fronteras de la neurociencia. A través de un rastreador ocular, midieron la contracción de las pupilas. El resultado es que no tenemos una imagen perfecta del mundo físico. Nuestra mente construye una versión de lo que vemos. Estas ilusiones siempre nos han atraído. Son como pequeños retos para nuestros sentidos que nos desconciertan. La base de este engaño es que nuestro cerebro desea encontrar un sentido a todo lo que ve. Ante el desorden visual, el órgano pensante lo reinterpreta. El mundo es complejo. Sabemos que los colores no existen. Que nuestro cerebro va unas centésimas de segundo por detrás de los acontecimientos del exterior. Y que nuestra capacidad de retención es limitada. De esto se aprovecha la magia y las ilusiones. Los prestidigitadores emplean movimientos rápidos mientras nos distraen del foco principal del truco. Partiendo de este modo limitado con el que procesamos nuestro entorno, veamos qué ocurre con las ilusiones. Nuestra retina capta las imágenes en 2 dimensiones. Los bordes, colores y formas. Cuando no comprende lo que está viendo, la mente echa mano de los recuerdos almacenados. Y saca una conclusión en forma de imagen mental. Aunque no sea cierta. Y nuestra parte racional nos diga que eso es imposible. Sin embargo, nos lo hace creer. Por lo tanto, se trata de un fallo en la deducción de la dimensión y perspectiva de los objetos. Un efecto muy conocido es el de las postimágenes. Cuando nos fijamos en una luz brillante durante un rato y luego la dejamos de percibir, a menudo, seguimos viendo ese destello en nuestra visión periférica. A veces, incluso, moviéndose y del color opuesto. Esta ilusión ocurre porque los conos y bastones de la retina se sobreestimulan. Y siguen mandando impulsos eléctricos al cerebro. Además, le gusta regirse por patrones. Y no duda en completar la información que le falta en lo que estamos viendo. La conclusión sería que nuestra percepción de las cosas no es tal y como pensamos. Percibir significa interpretar. Nuestro cerebro, analiza, sintetiza, interpreta y transforma. No lo hace para engañarnos, sino para protegernos. Ante el caos y el desorden, nos propone una imagen mental posible. No es perfecto, pero hace que la existencia sea más apasionante.