LOS COLORES QUE BORRÓ EL TIEMPO
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LOS COLORES QUE BORRÓ EL TIEMPO En el pasado, antes de que las guerras, los desastres naturales o la erosión hicieran mella en las estatuas de la antigua Grecia… Estas joyas de marfil lucieron vivos colores. Los escultores griegos valoraron la viveza y el ánimo de las esculturas, más que la perfección. El inmaculado y sobrio Partenón respiraba en el pasado con tonos azules, amarillos y rojos. Tuvieron que pasar miles de años antes de que los estudiosos en historia de arte se diesen cuenta de esto. En el siglo 19 surgieron las primeras pistas sobre la posibilidad de que las esculturas clásicas hubiesen sido pintadas en su forma original. No fue hasta la innovación de la luz ultravioleta o las cámaras especiales, de finales del siglo XX, cuando descubrieron que los mármoles fueron pintados. Pero antes, la mera idea de que aquellas esculturas fuesen coloridas, se consideró ridícula. El arqueólogo Vinzenz Brinkmann demostró que las estatuas de la antigüedad estuvieron pintadas de vivos colores en el pasado. Al principio, sus conclusiones resultaron algo ‘impactantes’ para los académicos. Aun así, con tiempo y perseverancia, Brinkmann convenció a sus detractores. Las estatuas de mármol, tanto de la antigua Grecia como de Roma, han revelado rastros de pigmentos desde el Renacimiento. Sin embargo, los escultores del Renacimiento decidieron copiar las formas clásicas en mármol blanco. Ahora, los estudios más recientes nos resuelven el origen de estos pigmentos coloridos. En la Antigua Grecia se elaboraron mediante una combinación de minerales. El material aglutinante orgánico se desintegraba con el paso de los años Es decir, la pintura permaneció fijada en el mármol durante unos ciertos años pero se fue desprendiendo lentamente por la erosión natural, las condiciones climáticas o el impacto de la guerra. Los expertos han determinado que la policromía de aquellas esculturas era con tonos amarillos, rojos y azules. Una planta conocida como rubia roja era la que se empleaba, habitualmente, para crear los tintes rojos. De hecho, su origen se remonta a la prehistoria. El tinte amarillo se extraía de ciertas flores, como el azafrán, de la cúrcuma o de la cáscara de la granada. Por su parte, los azules se obtenían de plantas de índigo y hierba pastel. Seguramente, llegarían a Grecia por rutas comerciales procedentes del Este. Estos azules se combinaban con amarillos para conseguir las diferentes tonalidades de verde. Estos colores no fueron los únicos utilizados por los antiguos Griegos y, más tarde, por los romanos. Aunque fueron los más apreciados. Gracias a estas modernas técnicas sabemos que el color era una parte importante de una escultura antigua. Los griegos no solo querían adorar a sus dioses y diosas bajo formas humanas perfectas…además quisieron que resonaran con todos los ‘colores de viento’.