LA LINGÜÍSTICA FORENSE ESCLAVOS DE NUESTRAS PALABRAS
Sobre este episodio
LA LINGÜÍSTICA FORENSE ESCLAVOS DE NUESTRAS PALABRAS ¿Qué tienen en común Donald Trump y J.K. Rowling? Ambos fueron diseccionados por un lingüista forense. Esta ciencia se encarga de analizar el lenguaje en una investigación criminal. Examina los textos orales y escritos para aportar pruebas en un proceso judicial. También escudriña el lenguaje empleado por los implicados en un juicio. Los lingüistas forenses suelen trabajar en equipos multidisciplinares integrados por: policías, psicólogos y diferentes científicos. Estos expertos de la lengua son capaces de identificar a un supuesto delincuente mediante sus mensajes en Whatsapp, notas manuscritas o redactadas a máquina, correos electrónicos y audios. Igualmente, pueden aportar pruebas que indiquen la inocencia de un acusado. Hay que decir que no son ni calígrafos ni perfiladores criminales, ni policías de la ortografía. La lingüística forense revela una información tan crucial como una huella dactilar. El lenguaje nos delata, nos condena o nos libera. Un audio que perfila la procedencia geográfica o social de una sospechosa o unas faltas de ortografía sistemáticas, pueden desenmascarar a un criminal. Hoy en día, la lingüística computacional facilita al forense su análisis de la lengua. Por ejemplo: Hubo un estudio de la escritura sistemática de J.K Rowling. Y lo compararon con el que se escondía tras el pseudónimo de Robert Galbraith. Efectivamente, la autora que publicó los seis libros de suspense de esa saga fue la creadora de Harry Potter. En época de elecciones, es buen momento para echar mano de esta ciencia, ya que nos ayuda a desenmascarar las intenciones de los políticos. Esta disciplina es la que une la lengua con el derecho. Por otra parte, la estructura y el contenido de las frases que empleamos de forma cotidiana en las conversaciones, son únicas. Cada persona codifica y descodifica el lenguaje con sus propias marcas lingüísticas. No hay dos personas que utilicen el lenguaje exactamente del mismo modo. Incluso, se comenta que los seres humanos son prisioneros de su propio lenguaje. En definitiva, estos especialistas comparan los archivos con las bases de datos de textos disponibles en busca de hábitos lingüísticos similares. A partir de ahí, identifican el vocabulario, argot, la jerga profesional, los regionalismos o la puntuación de una persona. Se sabe que la veracidad de un relato es mayor cuanto más completos son los detalles sensoriales que incorpora. O que la decepción se nota en el lenguaje cuando se alargan los preludios más de lo habitual. A esto lo llaman mensajes subliminales o huellas del pensamiento. Por ejemplo: Sirve para detectar falsas cartas de suicidio. Además, cuando se trata de juzgar si un texto es o no un plagio, esta disciplina tiene mucho que aportar. Sus conclusiones son clave ante un tribunal. En síntesis somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio. Esta ciencia hace bueno el dicho siguiente: Por la boca muere el pez.