EL MEGALODÓN UN MEGATIBURÓN EXTINTO
Sobre este episodio
EL MEGALODÓN UN MEGATIBURÓN EXTINTO Otodus Megalodón es el tiburón más grande de todos los tiempos. Durante décadas han cautivado la imaginación de los paleontólogos y la del gran público. Sus dientes fosilizados eran tan grandes como las manos humanas e igual de afilados como los cuchillos de cocina. Les servían para cortar a las ballenas, que tuvieran la mala suerte, de cruzarse en su camino. La cultura popular les ha dado fama. Y esta creció tras el estreno en 2018 de la película Megalodón, a la que este año le sigue su secuela. Se trata de la adaptación de la novela superventas: Megalodón, una novela de terror profundo, de Steve Alen. Donde relata la historia de un grupo de científicos que descubren un ejemplar suyo en la Fosa de las Marianas. Ahora veamos algunas características de estos megatiburones extintos. Las extrapolaciones a partir del tamaño de sus dientes estiman que tuvieron un tamaño de 20 metros de largo. Lo que les convierte en uno de los mayores depredadores que jamás haya existido. Además, estaban por todas partes. Sus dientes fósiles aparecen en formaciones geológicas de seis continentes que datan de hace 20 millones de años, durante las épocas del Mioceno y el Plioceno. Es decir, desde hace 23 millones de años hasta hace unos 3 millones. Curiosamente, se han hallado restos en hábitats poco profundos, signos reveladores de guarderías. Donde dejaron crecer a sus crías con abundante comida y protección. Uno de estos yacimientos es la Formación Gatún de Panamá, que sale en estas películas. Sus víctimas fueron desde las ballenas barbadas hasta los cachalotes. Su tremendo volumen estomacal sugiere que el megalodón podía comerse a estos gigantescos ejemplares con solo unos pocos mordiscos. Los valores de isótopos de nitrógeno de estos temibles depredadores son muy altos. Lo que indica que se encontraban en el top de la cadena alimentaria de los animales marinos. Era el rey de los depredadores oceánicos. Los isótopos de oxígeno de sus fósiles demuestran que tenían temperaturas corporales más altas que el entorno circundante. Por lo tanto, indica mesotermia, la capacidad de mantener temperaturas corporales elevadas, algo que sólo se observa en unas pocas especies. Los tiburones blancos, los marrajos o los tiburones peregrinos también tienen mesotermia. Esta mejora la velocidad de nado, lo que les permite desplazarse más rápido y lejos. Su estilo de vida obligó al megalodón a ingerir unas 98.000 kilocalorías diarias para justificar su tamaño. Seguramente, la pérdida de sus hábitats costeros y de sus presas asociadas fueron la causa de su extinción, hace 3 millones de años. En la película Megalodón 2 se ve como un megatiburón devora a un Tyranosaurio Rex. Sin embargo, los meg evolucionaron hace más de 40 millones de años, cuando ya se habían extinguido los dinosaurios no aviares. Así que este enfrentamiento nunca se habría producido, en realidad. En las películas se presenta al megalodón como un animal que ha sobrevivido hasta nuestros días, lo cual dista de ser cierto. De hecho, su desaparición tuvo un efecto en cascada en el ecosistema. Provocando la expansión de los tiburones blancos o haciendo que las ballenas crecieran más, ya que no había tiburones gigantes a los que temer. Desgraciadamente, los tiburones siguen siendo retratados negativamente en los medios de comunicación a pesar de que hasta un tercio de ellos están en peligro de extinción. Matamos hasta 100 millones de tiburones al año, y los más grandes son los que corren mayor peligro. Así que parece que los humanos seríamos bastante más peligrosos que los megalodones, al fin y al cabo.