EL BLISS POINT EL PUNTO DE PLACER EN EL SABOR
Sobre este episodio
EL BLISS POINT EL PUNTO DE PLACER EN EL SABOR Una precisa combinación de azúcares, grasas, sales y potenciadores del sabor. Eso es lo que hace que los ultraprocesados nos produzcan placer en el paladar. Estos productos están diseñados, científicamente, para darnos esa sensación, sin saturar. A este efecto se le conoce como: Bliss Point. Y no nos ocurre lo mismo con un plato de verduras. Esta preferencia no es nueva, nos viene desde el principio de los tiempos. De manera ancestral, buscamos el sabor dulce, porque lo asociamos con los alimentos que nos dan energía rápida. Para nuestros antepasados, conseguir este tipo de nutrientes: grasas, azúcar y sal, era complicado. Para obtener grasa saturada, tenían que cazar a un animal, que no era nada sencillo. En el caso del azúcar, les tocaba esperar a la época del año en el que la fruta estuviera muy madura o extraer la miel, lidiando con las abejas. Y la sal era difícil de encontrar, salvo en una mina o salar. Como no eran productos fáciles de obtener, nuestro cerebro se desarrolló para considerarlos como una recompensa. Hoy en día, nuestro órgano pensante sigue manteniendo ese mecanismo a pesar de que la situación ha cambiado. En el presente, no hace falta que hagamos ningún esfuerzo por lograr estos alimentos, sino que además, algunos, combinan grandes cantidades de grasa, azúcares y sal. El consumo elevado de ultraprocesados está relacionado con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas: obesidad, diabetes…problemas cardiovasculares… Cuanto menos se coman, mejor. Pero es que la industria de los ultraprocesados juega con una baza muy atrayente: la novedad. Y utilizan las redes sociales con efectivas campañas de marketing para llegar al mayor público posible. Por ejemplo: el cruapán es una mezcla de pan de molde y cruasán que salió hace poco y ha llegado a agotarse ya en algunos puntos de venta. En la elección de nuestra cesta de la compra influyen varios factores: la educación nutricional, el nivel de renta, la promoción de los productos, el precio, y la cultura gastronómica. Incluso, lo que comió nuestra madre, mientras estábamos en el útero, podría influir en estas preferencias. Como en todo, la educación nutricional es básica. Hay que enseñar a los pequeños los distintos sabores. Introducir los alimentos por separado, no siempre en papilla. Que prueben el sabor ácido y el amargo. El amargo es el sabor más difícil de educar. En los adultos también se puede reeducar el paladar. Sustituyendo el azúcar añadido por otros alimentos dulces naturales, como: el plátano, los dátiles, la canela o la vainilla. Y lo mismo con la sal, reduciéndola o sustituyéndola por especias, que además de sabor, aportan vitaminas y minerales. Aprender a cocinar y a preparar alimentos sanos es otra de las claves. Hay mucho que hacer, pero debemos evitar caer en la tentación del bliss point.