MILLER Y EL EXPERIMENTO EN BUSCA DE LA CHISPA DE LA VIDA
Sobre este episodio
MILLER Y EL EXPERIMENTO EN BUSCA DE LA CHISPA DE LA VIDA En 1924 el bioquímico Oparin formuló una hipótesis del origen de la vida a partir de una sopa primigenia. Que era rica en compuestos orgánicos como el carbono, nitrógeno y el hidrógeno. La expuso a radiación ultravioleta y energía eléctrica. Treinta años después, el químico Stanley Miller diseñó un experimento para comprobarlo. El experimento de Miller para estudiar el origen de la vida es uno de los más replicados. Se ha seguido repitiendo, con pequeñas variaciones, hasta nuestros días. Miller mezcló los gases que estaban presentes en la atmósfera terrestre primitiva: metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua. Intento comprobar si al reaccionar entre sí podían producir los compuestos básicos para la vida. Para ello, se debía trabajar en ausencia de oxígeno y con el material esterilizado. Además, de usar una fuente de energía para emular las tormentas y el vulcanismo del planeta. A los pocos días, se habían formado algunas biomoléculas como la glicina y ciertos aminoácidos. Miller lo realizó mediante descargas eléctricas pero las fuentes de energía podían haber sido la radiación ultravioleta o los meteoritos. Sin embargo, las descargas eléctricas son muy útiles para sintetizar el cianuro de hidrógeno. Un intermediario esencial para sintetizar las bases del ADN. Otra hipótesis es que la vida aterrizase en la tierra. Es lo que se conoce como panspermia. El 28 de septiembre de 1969 cayó un meteorito cerca de Murchison, Australia. El meteorito se había formado hace 4.600 millones de años. En su interior, contenía materia orgánica: hidrocarburos y una variada colección de biomoléculas, como las que Miller sintetizó en su laboratorio. Las leyes de la física y la química son universales. Si la materia inanimada se puede transformar en materia viva a través de fenómenos químicos… Entonces, la vida puede surgir en cualquier otra parte. Estas pruebas fueron las precursoras de la astrobiología. Que estudia el origen, evolución y el futuro de la vida en el universo. Ya tenemos los ingredientes fundamentales que la forman. Pero nunca se ha logrado obtener vida en un laboratorio. Ni siquiera ningún polímero próximo, una forma primitiva de vida. La chispa de la vida que distingue la materia viva de la inerte ya fue propuesta por los filósofos vitalistas. La llamaron: fuerza vital. También, alma o espíritu. Algo que no se podía explicar desde la física o la química. El vitalismo surgió como lo opuesto al mecanicismo. El mecanicismo sugiere que los seres vivos con comparables a las máquinas. La mente sería el resultado de la disposición de los órganos. Al igual que los movimientos de un reloj se producen por la disposición de sus engranajes y contrapesos. Así lo entendía Descartes. La electricidad se consideró ‘la chispa de la vida’ durante mucho tiempo. Por eso, Miller electrocutó su sopa primigenia. El fisiológo Galvani estudió en 1780 que los impulsos eléctricos producen las contracciones musculares en los seres vivos. Y sometió a descargas eléctricas a una rana muerta. De ahí surgiría el personaje ficticio de Frankenstein. Por lo tanto, la diferencia entre lo vivo y lo muerto sería eléctrica. Igual que cuando se apaga la electricidad de las neuronas, nos quedamos a oscuras. No es tan sencillo. Comparar la materia con la vida es como comparar un cerebro con la mente o un violín con la música.