Cuida el tono de cómo conversas contigo mismo
Sobre este episodio
Una de las características del ser humano que quizás nunca llegue a entender es aquella de infligirse, es decir, causarse daño a sí mismo. En algunas ocasiones lo hace de modo inconsciente y otras, la mayoría, conscientemente, es decir, a sabiendas de que puede, incluso, destruirse . Sin embargo, lo hace una y otra vez, y otra más, y de formas tan diversas como es posible. Una de ellas, quizás de las más dañinas, es a través de los mensajes que nos enviamos, de la forma en que nos hablamos . A todos nos ha ocurrido que intentamos llevar a cabo una tarea, como la de configurar el nuevo teléfono celular, y no somos capaces. “Pero, ¡qué bruto soy!” , nos decimos en silencio, resignados a pedir ayuda. Y nos quedamos con esa idea: no podemos, no somos capaces. Quizás el ejemplo te parezca demasiado sencillo, pero la verdad es que encierra una realidad muy dura: no nos aceptamos tal y como somos, con limitaciones, y nos ponemos la vara muy alta, queremos ser perfectos . Cualquiera de los dos extremos es perverso, porque el mensaje que nos transmite es que no servimos. Así, entonces, despreciamos los dones y talentos que poseemos.