Los rostros de la fe VIII - El paralítico de Betesda
Sobre este episodio
Jerusalén estaba llena de movimiento, los judíos celebraban una de sus fiestas. Pero en Betesda reinaba la inmovilidad. Bajo los cinco pórticos se acumulaban cuerpos incapacitados y esperanzas suspendidas. A pesar de que ese nombre significa en hebreo misericordia, allí reinaba la impiedad. Aquel hombre no recordaba una vida sin camilla. Treinta y ocho años no son una circunstancia; son una identidad. Y la misericordia aún no lo había alcanzado. Había aprendido a sobrevivir en la espera. Jesús se acercó a él y no le ofreció meterlo en el agua. Antes le dijo: — ¿Quieres ser sano? Durante años había esperado el movimiento externo de las aguas, pero jamás había considerado el mover interno de su alma hacia Dios…