Jerusalén será destruida
Sobre este episodio
Dios no siempre libra a su pueblo de las consecuencias del pecado; su paciencia tiene un límite y su justicia actúa en el tiempo señalado. El juicio divino, entonces, no es solo una advertencia externa, sino un medio por el cual Dios despierta el corazón endurecido, confrontándolo con su justicia inquebrantable y su derecho soberano a juzgar el pecado. El arrepentimiento verdadero no nace del temor humano al castigo, sino de una obra regeneradora del Espíritu Santo, que lleva al pecador a reconocer la gravedad de su pecado ante la santidad de Dios. Es un fruto de la gracia, utilizado por el Señor para llevar a los suyos al quebrantamiento y a la fe en Cristo.