Profecía contra los reyes de Jehová
Sobre este episodio
La justicia y la rectitud del hombre no surgen como méritos propios, sino como fruto de la gracia regeneradora de Dios. El corazón natural, corrompido por el pecado, no puede producir verdadera justicia sin haber sido primero transformado por el Espíritu Santo. La obra de Dios en sus hijos nos transforma y nos permite caminar en obediencia. Así, cuando practicamos la justicia, no lo hacemos para ganar el favor de Dios, sino como respuesta de un corazón transformado y agradecido al Señor.