Marcos 14 "Jesús ora en Getsemaní"
Sobre este episodio
Jesucristo cumplió voluntariamente el propósito eterno de redención, sometiéndose perfectamente a la voluntad del Padre aun en medio del sufrimiento. Debido a nuestra naturaleza caída, el ser humano es débil, tiende a confiar en sus propias fuerzas y es incapaz de permanecer fiel a Dios por sí mismo. Sin embargo, nuestra salvación no descansa en la fidelidad humana, sino en la obediencia perfecta de Cristo, quien entregó su vida para redimirnos. Solamente por la gracia de Dios podemos reconocer nuestra debilidad, depender de Él y perseverar en la fe. La verdadera fortaleza del creyente no está en su capacidad para sostenerse, sino en el poder de Dios que lo preserva.