De la sangre a la fe, de la descendencia al discipulado
Sobre este episodio
El profeta Miqueas, en la primera lectura, cierra su libro con un canto de esperanza. Reconoce la infidelidad del pueblo, pero también la misericordia de Dios que «no guarda rencor eterno» [^1][^3]. La imagen de un Dios que «arroja a las profundidades del mar» las culpas de su pueblo es la más tierna y esperanzadora de todo el Antiguo Testamento.