Llorar la herida y discernir la mies
Sobre este episodio
Hoy la Escritura nos muestra dos escenas complementarias. Primero, Jeremías: un pueblo herido, una tierra que clama, y el corazón del profeta se llena de lágrimas “día y noche”. Y aun cuando “profeta y sacerdote” cumplen su oficio, falta un punto decisivo: no hay conocimiento del Señor . El pueblo busca paz, pero encuentra terror; busca sanación, pero llega angustia. Y entonces el profeta vuelve al fundamento: confiesa la culpa, pide no ser rechazados por el nombre del Señor y pregunta algo tajante: “¿pueden los ídolos de las naciones traer lluvia?” La respuesta es clara: solo el Señor salva .