Elegidos del mundo para dar fruto, bueno, abundante y permanente
Sobre este episodio
Hoy comenzamos la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Las lecturas nos presentan una imagen que podemos reconocer: una viña que alguien ha cuidado con esmero. El profeta Isaías canta el amor de Dios por su viña; el salmo le pide al Señor que vuelva a mirar y cuide la cepa que plantó; y Jesús cuenta la parábola de unos viñadores que olvidan que la viña les fue confiada. En octubre, mes de las misiones y del Santo Rosario, esta Palabra nos pregunta qué frutos está dando nuestra vida y nuestra comunidad. Dios no planta una viña para que permanezca estéril: la cuida para que dé frutos de justicia, amor y vida. Y la misión comienza cuando recibimos su amor y dejamos que se convierta en testimonio y servicio.