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1395 - Evangelios. La maldición de la higuera estéril. Mt 21:18-19

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1395 – Mt 21:18-19 – La maldición de la higuera estéril. Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Todos los relatos de los últimos días de Jesús y su ministerio están rodeados de intenso dramatismo. Hasta ahora podemos resumir que la semana de Pascua Jesús entró a la ciudad montado en un pollino de asna donde querían coronarlo como rey de Israel (Mt 21:1-11). El día siguiente entró a la ciudad otra vez y limpió el templo de mercaderes de sacrificios y de cambistas de moneda (Mt 21:12-17). Ahora, entró a Jerusalén por tercera vez desde que subió de Jericó. Por Marcos, que es más cronológico, sabemos que el encuentro con la higuera abarcó dos días seguidos. Jesús maldijo la higuera en la mañana que entró a Jerusalén para limpiar el templo, y fue al día siguiente que los discípulos observaron que “la higuera se había secado desde las raíces” (Mr 11:14, 20). Mateo condensa los dos acontecimientos en un solo relato. En la Biblia se usan tres árboles frutales para asociarlos a Israel: La vid que es asociada a la nación de Israel (Is 5:1-7; Jn 15:1). El olivo asociado al sacerdocio de Israel (Ro 11:17-24). La higuera el lugar favorito de Israel para buscar la presencia de Dios (Zc 3:9-10; Jn 1:48). El Señor aprovecha la higuera estéril para dar dos enseñanzas a sus discípulos sobre: El juicio a Israel por su piedad aparente y el poder de la fe en Dios. El dilema (Mt 21:18-19a). “Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente”. Este extraño incidente solo lo registran Mateo y Marcos. Los evangelistas dicen que Jesús tuvo hambre. Observamos la humanidad de Cristo Jesús, el Mesías encarnado en Jesús, el logos encarnado (Jn 1:14). Jesús “viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente.” Normalmente una higuera produce fruto antes que broten hojas. Por eso cuando Jesús no halló nada en ella, sino hojas solamente, quedó desilusionado porque un árbol con hojas ya debería haber tenido fruto. La parábola (Mt 21:19b). “y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.” Como la higuera era estéril cuando debió haber tenido fruto, Jesús le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Con esas palabras pronunció la condenación del árbol, que se encontró bajo maldición divina. “Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.” (Mr 11:20-21). La higuera personificó al Israel con una piedad aparente, espiritualmente muerto, sus hojas representaron la religiosidad externa de Israel, y su falta de fruto simbolizó la esterilidad espiritual de Israel. El fruto siempre es una señal de salvación, de una vida transformada en la cual actúa el poder de Dios. La correcta relación de las personas con Dios se evidencia por el fruto que llevan. Jesús declaró: “No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mt. 7:18). Dios a través del profeta Isaías recordó a Israel su falta de fruto espiritual con una viña de vides (Is 5:1-7) y luego va a dedicar tres capítulos para describir las calamidades y condenaciones al pueblo por su aparente piedad (Is 5:8 - 8:30). Jesús usó el árbol de la vid, para dar una enseñanza parecida, afirmando: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto” (Jn 15:5). El fruto siempre es la manifestación de la salvación verdadera. Israel quedaría bajo juicio de Dios hasta la plenitud de los gentiles, en la tribulación con el último gobierno gentil (Is 51:22; Zc 12:10; Ro 11:25-26). Jesús luego enseñará con otra parábola, que Israel por no dar fruto, dejará de ser, temporalmente, pueblo de Dios

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