1424 - Evangelios. Jesús en el Getsemaní . Mt 24:36
Sobre este episodio
1424 – Mt 26:36 – Jesús en el Getsemaní. Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Mientras estaban en el Getsemaní, Jesús empezó a angustiarse dejando una enseñanza para los momentos de dificultad. Fue un momento de la antesala a la Cruz. El problema espiritual que enfrentó Jesús es tan grande que excede a toda comprensión humana. Jesús en su agonía respondió orando fervientemente a su Padre y enseñando los pasos que debemos usar para orar en momentos de dificultad. Las dos armas que Jesús usó para la tentación y la dificultad fueron las Escrituras y la oración, armas disponibles para sus hijos. Pablo enseña: “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.” (Ef 6:17-18). Cómo orar en tiempos de dificultades. (Mt 26:36-43). Jesús en el Getsemaní nos enseña por lo menos cinco pasos para orar en tiempos difíciles. P1. Buscar apoyo en la oración con hermanos conocidos (Mt 26:36-37). “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.” Jesús se apoyó con el círculo más cercano, Pedro, Juan y Jacobo, para que lo ayudasen a orar. El salmista enseña: “Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” (Sal 73:26). P2. Derrama tu alma a los hermanos para que te apoyan en oración (Mt 26:38). “Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.” Jesús nos enseña que debemos explicar a los hermanos el motivo específico para orar, y animarlos a orar por la circunstancia, dificultad o enfermedad que estamos atravesando. La angustia de Jesús no era por los padecimientos antes y durante de la crucifixión, sino por la posición temporal que tendría de su Padre celestial al ser juzgado por los pecados de los que serían salvos; exclamaría “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt 27:46). No lo llama Padre, sino Dios porque su Padre celestial estaba actuando como juez. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2Co 5:21). P3. Derrama tu alma en privado ante el Padre celestial (Mt 26:39). “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Jesús nos enseña que debemos derramar nuestra alma a Dios con el problema que nos angustia dijo a Dios “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa.” Dios conoce nuestras necesidades, pero Él desea que dependamos, confiemos, digamos a Él cómo nos sentimos. Pablo enseña “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” (Fil 4:6). Luego de orar a Dios debemos dejar nuestras preocupaciones a Él y descansar en la soberana voluntad de Dios como hizo Jesús, “pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Entonces “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Fil 4:7). P4. Animar a los hermanos en la fe a perseverar en la oración (Mt 26:40-41). “Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Debemos luchar contra el desánimo y orad sin cesar (1Ts 5:17). Pedro aprendió la lección y luego exhortaría diciendo: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” (1Pe 5:8).