Claus
Sobre este episodio
Hola, soy Guillermo Reyes. El de hoy es un episodio distinto. Más corto, quizá, y mucho más personal. Hoy no vengo a hablarte de una empresa, ni de un caso, ni de un número. Vengo a hablarte de una persona. Se llamaba Claus. Fue mi socio, y fue mi amigo. Claus era, sencillamente, una de las mentes más brillantes que he conocido. Era un experto en automatización, en digitalización, en tecnología. Y tenía un don muy particular. Donde muchos de nosotros veíamos personas y procesos, él veía sistemas, veía posibilidades, veía cómo la tecnología podía hacer cosas que a los demás ni siquiera se nos ocurría pedirle. Y aquí es donde su huella se cruza con todo lo que te he venido contando en estos episodios. ¿Te acuerdas que te he hablado de escuchar a escala? De medir la voz de miles de colaboradores, de tomarle el pulso a una organización entera. Pues esa idea, en buena parte, nació de Claus. Durante mucho tiempo, escuchar a una empresa significaba hacer entrevistas, unos cuantos talleres, una muestra pequeña, y con eso tratabas de adivinar el sentir de miles. Claus no se conformaba con eso. Él insistía, con esa terquedad tan propia de los visionarios, en que la tecnología nos permitía escuchar a todos. A cada persona. De forma anónima, honesta, masiva. Que no teníamos por qué elegir entre la profundidad y la escala, que podíamos tener las dos. Esa convicción suya se convirtió, con el tiempo, en el corazón de nuestra forma de diagnosticar. En esos diagnósticos digitales que hoy le dan voz a organizaciones completas. Cada vez que una empresa por fin escucha a alguien que llevaba años siendo ignorado, ahí, aunque nadie lo sepa, está la huella de Claus. Él tenía una frase que se me quedó grabada para siempre, y que hoy es casi un lema para mí. Decía que el mayor error que puedes cometer, no es equivocarte. El mayor error es no intentarlo. Y él vivía así. Con una valentía para probar, para construir, para lanzarse a lo nuevo, que era contagiosa. Y por eso lo que pasó todavía me duele de una forma difícil de explicar. Claus falleció durante la pandemia, a causa del COVID. Y no fue en cualquier momento. Fue justo a la mitad de un hackathon, una de esas maratones intensas de innovación, que estábamos organizando juntos, en colaboración con el MIT, con el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Se fue en pleno vuelo. A la mitad de una idea. A la mitad de algo que estábamos construyendo con toda la ilusión del mundo. Y así, de golpe, la conversación se quedó a medias. ¿Qué me dejó Claus? Me dejó dos cosas que quiero compartir contigo. La primera es que la mejor forma de honrar a alguien que se adelantó es seguir construyendo lo que él soñó. Por eso sigo aquí, insistiendo en la escucha, en la tecnología al servicio de las personas, en darle voz a los que no la tienen. La segunda es su lema, ese que hoy te heredo a ti. En tu empresa, y en tu vida, muy probablemente hay una idea que llevas tiempo posponiendo por miedo. Miedo a que no salga, a hacer el ridículo, a fallar. Claus te diría, con toda claridad, que el único error de verdad imperdonable es dejar que ese miedo decida por ti. Que no lo intentes. Así que hoy no te dejo un reto de negocio. Te dejo uno humano. Piensa en esa persona que cambió tu manera de ver tu trabajo o tu vida. Y si todavía puedes, díselo. No esperes. Porque las conversaciones importantes casi nunca tienen una segunda cita garantizada. Gracias, Claus. Esto también es tuyo. En el próximo episodio retomamos el camino, y lo hacemos con una idea que a Claus le encantaba, la de una empresa que aprende. Vamos a hablar de la organización que decide y que aprende, de cómo se construye una compañía capaz de tomar buenas decisiones, y de convertir hasta sus errores en su mayor fuente de ventaja. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe