UNA ÉPOCA DE ESTÍMULOS SUPERNORMALES
Sobre este episodio
UNA ÉPOCA DE ESTÍMULOS SUPERNORMALES ¿Por qué nos gusta o nos deja de agradar algo? ¿Te lo has preguntado alguna vez? Lo queramos admitir o no, estamos condicionados para determinados comportamientos. A lo largo de nuestra evolución, hemos desarrollado respuestas ante diferentes estímulos. Hay dos objetivos principales: La supervivencia y la reproducción. Nuestro cuerpo cuenta con dos mecanismos: el placer y el dolor. Nos recompensa cuando hacemos algo que nos sirve para sobrevivir o reproducirnos. Comer, dormir… Y nos castiga cuando no lo hacemos lo suficiente. Haciéndonos sentir hambre, sueño, cansancio, miedo… Además, contamos con mecanismos de control. Como serían las sensaciones de saciedad o hartazgo. Para evitar pasarnos de la raya. Todo parece programado. En cambio, como sucede con los ordenadores, también puede ser hackeado. Conozcamos los estímulos supernormales. El primero en describirlos fue el etólogo y premio nobel de medicina Niko Tinbergen. El holandés experimentó con diferentes animales. Por ejemplo, buscó alterar el comportamiento de los peces espinosos con estímulos supernormales. Sus machos tienen el vientre de color rojo. Se atacan entre ellos para defender sus territorios. Pues bien, Tinbergen les puso delante a peces falsos de madera. Tenían el abdomen pintado de un rojo más intenso. Y logró engañar a los peces espinosos, ya que atacaron a estos falsos competidores con más intensidad que a sus rivales de verdad. Estos mismos peces prefieren acercarse a las hembras con el vientre abombado. De igual forma, el etólogo utilizó señuelos de madera con un vientre más abombado de lo normal. Y comprobó que los machos se acercaban más a estos que a las hembras reales. Y de ahí pasó a denominar a estos estímulos como supernormales. Ya que producían una respuesta exagerada. Hasta el punto de ignorar el estímulo natural. El holandés experimentó con distintas especies animales con éxito y confirmó su teoría. La dopamina es un importante neurotransmisor de nuestro sistema de recompensa. Una señal de nuestro cerebro, que nos dice: Anda y consíguelo. Nos hace querer y buscar algo. La dopamina se suele liberar en la anticipación de la recompensa. Por ejemplo, al leer el menú de nuestro restaurante favorito. Finalmente, cuando logramos la recompensa, se liberan opioides en nuestro cerebro. Son los que hacen que nos sintamos satisfechos. Y que detengamos la búsqueda de antojos. El problema es que nuestro sistema de recompensa con la dopamina es más fuerte que cuando soltamos opioides. Este sería su sentido evolutivo. Para nuestro cerebro es más importante mantenernos estimulados ante la búsqueda que cuando nos quedamos inmóviles en un estado de satisfacción. Cuando paramos, nos volvemos más vulnerables. Ahora veamos cómo funcionan los estímulos supernormales en nuestra vida diaria. En la actualidad muchos viven en grandes ciudades. Donde es posible ver a cientos de personas en un día. Encontrar una fuente de alimento en cada esquina. Contamos con una tecnología que nos facilita el acceso a cantidades inimaginables de conocimiento, imágenes, vídeos y nuevas formas de relacionarnos. Todo lo anterior nos parece algo cotidiano. Sin embargo, a nuestros antepasados más remotos les parecería un hecho muy extraño. Nuestros ancestros tuvieron que adaptarse a unas condiciones muy distintas. La comida era escasa, el entorno estaba lleno de peligros. Y los grupos de personas que vivían juntos eran más reducidos. En términos generales, nuestro cerebro sigue funcionando de esta forma. En la alimentación nos hace decantarnos por los sabores dulces. Presente en las frutas maduras. El estímulo supernormal lo encontraríamos en la bollería, las mermeladas y otros dulces. Ya que hemos sido capaces de extraer el azúcar de la remolacha o la caña para fabricarlos. Algo parecido ocurre con la grasa y la sal. Eran sustancias muy escasas y valiosas. Ahora, quizás, muchos las consumen en exceso. Y las añaden a los platos para darles más sabor, sin que haga falta en realidad. Al estar frente a un estímulo supernormal, nuestro sistema de recompensa libera más dopamina. Y nuestro cerebro interpreta que esto es muy importante para nuestra supervivencia. Pero es falso. Y nos puede conducir a la adicción. Las redes sociales nos permiten validarnos en nuestro entorno social. Al compartir fotos y recibir me gustas. Nuestro cerebro libera dopaminas. Y nos incentiva a seguir publicando. Pero cuidado con tanto elogio, ya que muchas veces no suele ser sincero. El photoshop, el encuadre, el retoque de la imagen, los filtros…son estímulos supernormales. Afectan a nuestra manera de vivir y de relacionarnos. A menudo escuchamos voces retocadas con el programa de autotune. Afinadas de manera artificial, con coros de voces perfectamente acompasadas. En una armonía inhumana. Pero bella. Esto sería otro estímulo super normal. Podríamos seguir con los gráficos de distintos video juegos. La rapidez con la que transcurren las tramas de una pantalla a la otra. Los sistemas de puntuación a modo de recompensa. Todo se consigue rápido y al momento. En un click. Si se mantiene este nivel de hiper estimulación, después cuesta concentrarse en la lectura sosegada de un libro, por ejemplo. Meditar, estudiar, el diálogo interior, el estudio. Optar por un estilo de vida más pausado. Regresar a un estado más consciente de nuestro entorno. Retomar la atención por lo que sucede a nuestro alrededor. Son formas de volver a conectar con la naturaleza. Maneras de apagar la invasión de los estímulos super normales.