EL FAMOSO TEST DEL MALVAVISCO
Sobre este episodio
EL FAMOSO TEST DEL MALVAVISCO Hace un tiempo, un video se hizo bastante conocido. El test de Marshmallow. El secreto para tener éxito en la vida. En la década de 1960 el Dr en psicología Walter Mischel desarrolló esta prueba. Se basó en observar el comportamiento de sus hijas en la mesa. Y de luchar, inútilmente, durante años contra su adicción al tabaco. En un momento determinado, se preguntó cómo y cuándo los seres humanos establecemos nuestro autocontrol. Y qué importancia puede tener esto. La prueba consiste en sentar al niño junto a una mesa. Se le entrega un plato con un malvavisco dentro. El adulto que conduce el experimento, le dice que saldrá de la habitación para hacer algo. Y que volverá en 15 minutos. Si durante ese tiempo, el niño no se come el marshmallow, como recompensa, recibirá otro segundo. Pero si se lo come, no tendrá nada más. En el experimento original participaron 32 niños. Finalmente, la cifra alcanzó los 600 participantes en toda la serie de tests. Durante las cuales, cambiaron la forma de presentar la propuesta. El video que se hizo conocido, mostraba a algunos participantes luchando por no comerse el malvavisco. En general, sólo un tercio de los niños consigue aguantar hasta que vuelva el adulto. Esto se relaciona con la capacidad de resistir la tentación. De no darse el gusto de inmediato. Es saber diferir la gratificación instantánea. Y es una herramienta esencial para nuestro desarrollo psicológico. Se hicieron varios estudios de seguimiento. De los mismos participantes que habían realizado el experimento. Y estos fueron los resultados. El primer estudio data de 1989. Los niños que fueron capaces de postergar la gratificación instantánea, eran cognitiva, social y académicamente más competentes que los que no pudieron resistir la tentación. El segundo análisis se hizo en 1990. Y corroboró que los que no se comieron el malvavisco sacaron más nota en las pruebas del Sat. Incluso, tenían mejor índice de masa corporal. Ya de adultos, a los participantes se les sometió a un escáner cerebral. Los que resistieron la tentación, tenían una corteza prefrontal más activa que quienes se comieron el marshmallow. Estas serían las conclusiones prácticas de la prueba que nos servirían para nuestra vida diaria. Al ser capaces de postergar la gratificación inmediata, adquirimos la habilidad de decidir con la cabeza fría, qué es mejor para nosotros. De otra forma, nos comportamos como los ratoncitos del flautista de Hamelin. Que van detrás de lo primero que les ofrecen, sin reflexionar sobre las consecuencias. No se nace con esta capacidad de aguante a la recompensa rápida. Se puede entrenar. Enseñando estrategias de autocontrol. Los tests se relacionan con la tolerancia a la frustración. Hay pequeños trucos que se aplicaron durante la famosa prueba. El Dr Mischel le dijo a uno de los niños que no soportó la presión, que imaginara el marco de una fotografía alrededor del malvavisco. Al repetir la prueba, no se comió la golosina. Cuando se le preguntó qué había cambiado, el niño dijo: Es que no te puedes comer una foto. Esto nos indica que la voluntad es como un músculo. Se debe entrenar para que se fortalezca. Aunque también necesita descansar. Para ello, en la medida de lo posible, hay que evitar caer en las tentaciones. Según este investigador la conclusión es que al dejar de ser presas de nuestros deseos, nos volveremos más libres que antes.