El museo de las medidas
Sobre este episodio
El museo de las medidas José Castaño Álvarez es el hombre de todas las medidas. Este filólogo y catedrático de instituto jubilado lleva desde 2007 estudiando la historia de las medidas y pesos tradicionales. Sobre todo en España. Reside en Herreruela de Oropesa, en Toledo. Una localidad de apenas 300 habitantes. Allí han abierto la Fundación Museo Etnológico. Un edificio de tres plantas que contiene unos 5.000 objetos. Están relacionados con las unidades que miden longitudes, áreas, volúmenes y pesos. Casi todos los instrumentos son originales. Castaño cuenta que cuando no había instrumentos para medir se usaba el cuerpo. Las primeras medidas fueron la pulgada, el codo, el pie o la cuarta. Lo primero que se pudo medir o pesar fueron los alimentos y los metales preciosos. Los metales preciosos servían como adorno a los jefes tribales. Para los áridos, los granos y frutos secos, se empleó la fanega. Que tenía una capacidad de 55,5 litros. Veamos otras curiosidades de las medidas en la antigüedad. En la Edad media española los modelos legales de medir estaban en los ayuntamientos. Como sucedió con la vara de Burgos. Que fue un patrón nacional. Además, los monasterios y los señores feudales poseían sus propias unidades de medida. El primer monarca que quiso unir los pesos y medidas con una ley fue Alfonso 10 el Sabio en 1261. Fue famosa la queja de este rey cuando decía que… En un mismo lugar hay una medida para comprar y otra para vender. Sin embargo, el rey no pudo acabar con las distintas unidades de medida que existían. Las ordenanzas metrológicas siguieron hasta 1801. Fijaros, para complicar más las cosas, había unidades que se usaban para varias medidas. Como la arroba, que eran 11,5 kilos. Pero esa misma medida era de 12,5 litros para el aceite y 16 litros para el vino. La forma de medir en España viene de los romanos, visigodos y árabes. Los árabes trajeron nuevas formas de medir que se mezclaron con las que había. Durante la Reconquista, existió esta curiosa forma en la que los reyes daban a sus señores feudales tierras. Así se recoge en los fueros navarros. El rey le decía al noble que este lanzara una pértiga a los cuatro puntos cardinales. Según lo lejos que llegara, esa sería la cantidad de tierra que se le donaría. En cambio al peón se le decía otra cosa. El peón se sentaba en el suelo, se ponía la mano en la cabeza y metía el brazo por ese hueco. De esta forma, tenía que tirar su hacha. Y según donde llegase, esa sería la porción de tierra que se ganaba el peón. La carga era la cantidad que podía transportar un animal. Una carga eran cuatro fanegas. El carro sirvió como unidad de volumen. Era habitual que entre la gente de campo se dijesen: Tráeme un carro de estiércol o de melones. Los líquidos también tenían su forma de medirse. Los cántaros para el agua eran de unos 16 litros. La leche se vendía por cuartillos, que eran de medio litro. El vino se vendía por azumbres, equivalente a unos dos litros. Por otro lado, hay formas de medir que no siguen ningún patrón. Y se han usado a lo largo de la historia. Ni siquiera el sistema métrico decimal ha podido con ellas. Muchas se siguen empleando hoy en día. Por ejemplo: Un manojo de espárragos, que son los que te caben en una mano. Un puñado de arroz. Un racimo de uvas. O un ramillete de perejil. Hasta el año 1849 no se implantaron los cambios que llegaron con la Revolución Francesa. Cuando el kilo y el metro pasaron a ser las unidades fundamentales. La importancia de medir para la ciencia exigía unidades más exactas. Antes de la llegada del sistema métrico decimal, era todo un lío. Las superficies tenían diferentes tamaños y así era complicado el cobro de impuestos. Con la entrada del sistema métrico decimal llegaron las básculas, balanzas y los pesos. A la hora de medir la longitud, la reina era la vara. Una vara eran tres pies. Los pies solían medir unos 28 cm cada uno. Dos varas hacían una braza. En este museo hay una reproducción de la Tabla de Pamplona. Es una madera de roble de 3,50 m de longitud. Y marca las medidas oficiales de longitud del antiguo reino de Navarra. Ya hemos comprobado cómo las medidas y los pesos formaban parte de la vida medieval. Veamos un ejemplo curioso del siglo 12 en Cuenca. Si te daban un bofetón, el juez podía imponer una multa según la medida del tamaño de la marca que le habían dejado en la cara. El moratón se medía en pulgadas. Y este sería el resumen de la gran obra de José Castaño. Un recorrido histórico por los pesos y medidas tradicionales desde la Edad Media hasta principios del siglo 20. Aquí os dejo con un reportaje que le hicieron.