VENENOS COTIDIANOS EN EL PASADO
Sobre este episodio
VENENOS COTIDIANOS EN EL PASADO Veneno en la comida o la bebida. Es una manera fácil de eliminar a los adversarios. Estudios contemporáneos han desvelado que el veneno y las sustancias tóxicas estuvieron presentes en la vida cotidiana de la gente en distintas épocas. En muchos casos, sin saberlo, pudieron causar sus muertes. Bastantes reyes y nobles temían que les envenenaran la comida y la bebida. Por eso tenían sirvientes, catadores, que debían probar lo que sus señores iban a ingerir. En algunos casos, hasta besaban y lamían vasos, copas y cubiertos. Como fue el caso de los criados de los reyes Enrique octavo y su hija Isabel I de Inglaterra. Que llegaban a besar y tocar su almohada y sus sábanas antes de que se acostaran. Incluso, se probaban su ropa antes de que los mandatarios se vistiesen. Para evitar que el veneno contactara con su piel. El cuerno de unicornio fue muy apreciado. Ya que se consideraba que actuaba como un antídoto contra cualquier veneno. Durante los siglos 15 y 16, valía 10 veces su peso en oro. Los grandes reyes lo tuvieron entre sus tesoros. Desde Carlomagno hasta Lorenzo de Medici. Hasta que en el siglo 16, el médico de la corte francesa Ambroise Paré, demostró que el cuerno no era efectivo, dando arsénico a unas palomas. La mayoría de los cuernos eran colmillos de narval, un cetáceo ártico. En cambio, hubo muchos venenos que se ignoraban. Ciertos cosméticos, como los polvos blanqueantes, contenían mercurio, arsénico, plomo y otros metales. Se usaron en el cuero cabelludo, en las ingles y contra piojos o parásitos. Además, los ungüentos de mercurio se aplicaron para curar las lesiones por la sífilis. Otro tratamiento que, supuestamente, servía para mantener la juventud y era efectivo contra la artritis, fueron los ‘bebibles de oro’. Diane de Poitiers fue la favorita del rey Enrique II. Falleció en 1566 y se analizaron sus restos en el 2008, tras una excavación arqueológica en Francia. Se sabe que cada mañana bebía un preparado de oro y otras sustancias. Más de 440 años después, se han hallado trazas de oro en sus huesos y cabellos. En los siglos 16 y 17 se publicaron muchos libros de ‘secretos’. En ellos, los médicos, artesanos, maestros en diversos oficios o escritores, explicaban los experimentos o recetas para fabricar varias cosas. Desde cosméticos, perfumes y jabones hasta remedios medicinales, vino, tintes o pigmentos. Así como procesos artesanales para tratar la lana o los preparados químicos que usaron los joyeros y hojalateros. Estos libros se vendían como los secretos de las cortes. Ahora sabemos que en muchas prácticas empleaban ingredientes tóxicos. Como metales o ácidos. Por ejemplo: una mascarilla a base de mercurio, vinagre, huevos y cebolla que se mezclaba en un plato de plomo. En este entorno peligroso, las pinturas de moda en las paredes palaciegas, entre los siglos 15 y 18, se realizaron con tintes que tenían mercurio. Del rojo, arsénico verde o plomo, que era blanco. El marco general fue propicio para todo tipo de gérmenes por la falta de higiene. En las habitaciones había orinales. A menudo, se arrojaba su contenido por la ventana. La princesa Catalina llegó a la corte inglesa para casarse con Carlos II en 1661. Y escribió, horrorizada, a su familia, que los nobles orinaban en todas las esquinas del palacio. En la conquista de América, los europeos consideraban bárbaros los ritos de canibalismo de algunos pueblos. Sin embargo, en sus sociedades hubo consumo de vísceras, sangre, huesos en polvo y partes del cuerpo. Especialmente de ejecutados. Se ingerían como supuestos tratamientos médicos. Se creía que otorgaban una energía casi mágica, que fortalecía al enfermo ante sus problemas de salud. La propia orina se llegó a usar contra la ciática o como baño para un buen cutis. Excrementos de animales y humanos se solían mezclar o espolvorear con zumos de vegetales y frutos. Creían que ayudaban a combatir las piedras del riñón, las infecciones de vejiga o el estreñimiento. Estas recetas no eran de caldero de brujas ni de artes oscuras, sino recetas de médicos y boticarios. Hipócrates o Galeno sostenían que el cuerpo humano estaba regido por humores, los mismos cuatro que los elementos del cosmos. La sangre, el aire. La bilis, el fuego, La flema, el agua y la bilis negra como tierra. A modo de ejemplo, se recetó sangre para curar la lepra. O un preparado con huesos de calavera contra la epilepsia. Por suerte todas estas prácticas han quedado en desuso. Gracias a los avances científicos. Visto con los ojos y el conocimiento del presente, nos parecen remedios horribles para la salud. Pero pensad, que puede que nuestros descendientes opinen lo mismo, de algunas de nuestras costumbres, en el futuro.