LA CIENCIA DE LA PRIMERA IMPRESIÓN
Sobre este episodio
LA CIENCIA DE LA PRIMERA IMPRESIÓN La primera impresión es la que cuenta. Todos sacamos conclusiones al primer vistazo. Así es cómo lo hacemos. El ser humano tarda entre 150 milésimas de segundo y 90 segundos en emitir un veredicto sobre una persona. Nuestro cerebro analiza sus gestos, su forma de caminar, su olor o su voz. Sin embargo, la edad, el sexo y el atractivo físico parecen ser los primeros criterios que valoramos. Y determinaran nuestra decisión final. Si alguien nos cae bien o mal. Los orígenes de la primera impresión se remontan al comienzo de la evolución de nuestra especie. Distinguir entre un amigo o un enemigo era fundamental para la supervivencia. Y hacía falta que nos diésemos cuenta de ello, rápido. Nuestros antepasados desarrollaron su instinto para calibrar las intenciones del que tenían enfrente. Se jugaban la vida en ello. Por lo tanto, con muy poca información, tenían que decidir al instante. Existe el efecto primacía, y es el que da más peso a la información que aparece en primer lugar. Son las que activan unas ciertas categorías mentales y no otras. Sin pararnos a pensarlo, interpretamos y comparamos esos estímulos con nuestros esquemas previos. Nuestros recursos son flexibles pero limitados, por eso recurrimos a las categorías mentales. El aspecto físico importa, pero no siempre está vinculado a la belleza. Nuestro cerebro se fija más en los gestos y expresiones. Entonces, el cerebro elabora categorías o etiquetas a partir de un número reducido de estímulos. Como el funcionario severo o el artista excéntrico. Los neurólogos han estudiado varios modelos de reacción a las primeras impresiones. Durante los primeros 90 segundos hay un intercambio de impresiones entre los interlocutores. Si notamos que no le caemos bien a alguien, es difícil que él o ella nos resulte simpático a nosotros. Nuestro cerebro escudriña los gestos de la cara, la posición del cuerpo, el tono de la voz o el olor. En el primer contacto importa menos lo qué se dice y es más relevante el cómo se dice. El 90 por cien del éxito dependerá de nuestra actuación y el diez por ciento restante se basará en los conocimientos, sabiduría y las habilidades que tengamos. El conjunto final de la impresión comprende estos tres factores básicos: Qué aspecto tienes, cómo hablas y lo qué dices. Y el último rasgo decisivo en la primera impresión es…cómo escuchas. Si muestras un gesto atento o distraído. Se han hecho varios experimentos. Por ejemplo, a partir de una fotografía los participantes adivinaron el estado de ánimo de las personas que veían en milésimas de segundo. La inmensa mayoría no cambió de opinión tras sus primeras conclusiones. En las distancias cortas, el olor corporal de una persona cobra más importancia. Según los estudios, es un indicador de las señales genéticas. Incluso, del estado del sistema inmunológico. La principal fuente de comunicación es nuestra actitud, más que las palabras, al inicio. Con todo, debemos ser conscientes de que estos juicios rápidos suelen ser inexactos. En definitiva, las primeras impresiones parecen ser imprescindibles para hacer nuestra vida más fácil y como mecanismo de supervivencia. Pero no siempre son las que cuentan.