UNA HISTORIA DE LA CRUCIFIXIÓN
Sobre este episodio
UNA HISTORIA DE LA CRUCIFIXIÓN La crucifixión. Este tipo de tortura y ejecución fue empleada por los romanos hasta el año 337 después de cristo. Es decir, hasta que el emperador Constantino permitiese el Cristianismo. En el imaginario colectivo está fijada como uno de los símbolos de la crueldad del Imperio Romano. Lo cierto es que su origen es anterior. Esta práctica se originó en Asiria. Los persas la emplearon durante el siglo sexto antes de cristo. Posteriormente, Alejandro Magno copió este sistema y lo introdujo en los países del Este del Mediterráneo en el siglo cuarto antes de cristo. Posiblemente, los fenicios ayudaron a que se practicara en Roma en el siglo tercero antes de cristo. Las víctimas eran atadas o clavadas con las manos por encima de la cabeza a un poste. A veces, también les ataban las manos a la espalda. El proceso podía durar desde 3 horas hasta los 4 días. El récord está en aguantar 9 días. Con Jesús usaron la cruz latina. Requería de mucho esfuerzo, ya que toda la estructura debía ser izada con la víctima. El condenado quedaba con los brazos estirados en una posición de humillación o sumisión. Ese era el mensaje que el pueblo romano intentaba transmitir entre sus asistentes. Los crucificados eran ciudadanos no romanos que amenazaban la paz, eran esclavos desobedientes o alborotadores de baja clase social. Además, incluía a los sospechosos de rebeldía y a quienes cometían delitos graves contra Roma. El crucificado era azotado. Luego, recorría un camino casi desnudo, con el cuerpo hinchado y soportando las miradas de la gente. Con frecuencia, era obligado a cargar con una parte de la cruz hasta el lugar de la ejecución. Allí, el condenado podía durar varios días, soportando un cartel sátiro sobre su cabeza. Cuando hacía falta acelerar la muerte del reo ya colgado, les golpeaban en las piernas hasta quebrar esos huesos. De manera que las piernas no pudiesen soportar el peso y la respiración se dificultase más. No hay ninguna postura cómoda en la cruz, en todas hay dolor. Si la víctima trata de izarse y respirar, fatiga los músculos. Si se deja caer para descansar, el dolor en las manos y pies en insoportable. Ya que los clavos presionan los nervios. A esto hay que añadir el constante roce de la espalda lacerada con la áspera madera de la cruz. Si a todo ello le sumamos la exposición al sol y la deshidratación…sin duda…estaríamos ante una de las torturas más crueles y dolorosas. Por no hablar del final, en el que los pájaros suelen picotear la carne a placer. No había ejecución más atroz en la Antigua Roma. Todo un mensaje para quienes desafiaran el orden establecido. Por ejemplo, Cuando Espartaco y su grupo de esclavos fueron derrotados tras la Tercera Guerra Servil, los 6.000 prisioneros adultos fueron crucificados a intervalos a lo largo de la Vía Apia. Desde Roma hasta Capua. Los romanos no podían aplicarla a sus ciudadanos debido a su carácter humillante. En caso de condenar a muerte a un romano, eran decapitados o se les seccionaban la médula desde el cuello, con una espada. Por último, los cuerpos sin vida de los crucificados eran arrojados a fosas comunes. En Italia, fueron conducidos por enterradores vestidos de rojo, que hacían sonar campanillas y arrastraban los restos con ganchos. La prueba más visible de su crueldad fue que se trató de un castigo público que luego se silenció en los textos. Sólo cuatro crónicas de la antigüedad detallan este método y todas hacen referencia a la misma persona…Jesús de Nazaret.