DE LA MARCA DE MARRAS A LA BLANCA
Sobre este episodio
DE LA MARCA DE MARRAS A LA BLANCA Hay muchos nombres de marcas que se hicieron un hueco en el imaginario de los españoles. Sin embargo, parece que cada vez tienen menos protagonismo en las cocinas de este país. La marca blanca le ha ido ganando terreno a los logos de las firmas en bastantes sectores. Somos los europeos que más marca blanca consumen. Por ejemplo: Aliada en el Corte Inglés, Hacendado o Deliplus en Mercadona, Milbona de Lidl o la propia de Carrefour. No todas son iguales, ni en precio ni en calidad. Las hay que presumen en su etiqueta de ser un producto gourmet o local de calidad, por supuesto. Los lácteos y conservas son las categorías ‘libres de logo’ con más éxito. Por otro lado, a la hora de escoger bebidas espirituosas y cerveza, seguimos siendo más marquistas. Este avance en el consumo de marcas blancas es el resultado de una especie de tormenta perfecta. Algunas de las causas serían: la subida en la cesta de la compra. Llegados a este punto hay que desmitificar una falsa creencia. Los supermercados, al contrario de lo que algunos piensan, no producen. La inflación ha influido en el auge de la marca de distribuidor aunque hay un factor sociológico de peso: Nos hemos vuelto menos dependientes de las marcas. No tenemos las mismas rentas que en muchos países de la Unión Europea y eso afecta a la hora de optar por una marca de distribuidor. Otros opinan que el consumidor se ha dado cuenta de que no es necesario pagar más para tener un producto mejor. Justo lo contrario de lo que sucede en Hispanoamérica, donde la marca blanca apenas tiene presencia. Por aquellas latitudes la situación económica es más delicada y hay menor confianza en la seguridad alimentaria, con lo cual la marca tradicional funciona como un sello de calidad para los consumidores. Otra diferencia radica en que en la Unión Europea la concentración de la distribución tiene lugar en los conocidos hipermercados o supermercados. Que son los que han puesto en marcha todo un imperio de marca blanca. Antes, el fabricante era quien tenía el poder de decidir y el papel del distribuidor o supermercado se limitaba a dejarle un espacio limpio y ordenado para la venta. Ahora, el distribuidor es el que domina la relación. De manera que el supermercado llega a acuerdos con las firmas para que fabriquen los productos que serán parte de su marca blanca. Por ejemplo: Se sabe que Casa Tarradellas fabrica la pizza ‘sin marca’ para Mercadona. O que Gullón está detrás de las galletas de Lidl o Carrefour. En resumen, en el presente el supermercado tiene la sartén por el mango y es más que un expositor, se ha convertido en un prescriptor para el consumidor. Este fenómeno puede hacer que las marcas tradicionales tengan que innovar para triunfar y seguir ofreciendo algo diferente. Mientras, los grandes distribuidores están aprovechando su momento ya que tienen acceso directo al consumidor y el haberse ganado su confianza. Al final, es el consumidor desde su libertad quien selecciona el surtido que mejor se adapta a sus posibilidades. Para muchos fabricantes puede suponer un dilema hacer o no marca blanca. Esta estrategia puede ser un arma de doble filo. Se tienen que estudiar todas las condiciones y el volumen de venta y beneficios, de lo contrario, sienten que están canibalizando su propia marca. Veamos otros ejemplos: Don Simón fabrica zumo de naranja para la marca del Corte Inglés, Helios su mermelada y Arias el queso fresco de estos grandes almacenes. En el caso de Mercadona, el chocolate de su marca corre a cargo de Antiu Xixona, el cacao en polvo de Valor y el queso lo fabrica Entrepinares. En definitiva, que estos acuerdos entre fabricantes y distribuidores suelen ser buenos, de un gran volumen. Destacaría el caso de algunos de los productos de droguería de la marca blanca Deliplus que vende Mercadona. Los fabricaba una pequeña farmacia. En este caso, ha sido el propio distribuidor el que ha hecho crecer al fabricante. A gran escala, de las 100 primeras industrias alimentarias que hay en España, 69 hacen marca de distribuidor. Y de las 30 empresas restantes, la mitad son bodegas, donde la marca de distribuidor es minoritaria. Las relaciones entre distribuidores y fabricantes son variadas y heterogéneas. En este complejo sector hay marcas blancas en las que no aparece el nombre del fabricante que está detrás y en otras sí. Las que no lo incluyen puede que no quieran que el consumidor perciba que está comprando lo mismo pero con un precio y envase diferentes. La OCU afirma que las marcas blancas suelen estar al nivel de la marca de fabricante. En síntesis, esta relación aumenta la capacidad de elección del consumidor, que será el que tenga la última palabra.