LA RECETA SECRETA DE LOS CONSTRUCTORES MAYAS
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LA RECETA SECRETA DE LOS CONSTRUCTORES MAYAS Las construcciones Mayas. A pesar del paso del tiempo, muchas de sus edificaciones y retablos han aguantado los estragos de los años. Algo que lleva intrigando a los científicos desde hace siglos. Recientemente, un equipo de investigadores de la Universidad de Granada acaba de descubrir su secreto. Sus constructores idearon morteros de cal a la que añadieron extractos de plantas. Estos resultados se han publicado en la revista Science Advances. Hasta la fecha no se sabía cómo estos monumentos mantienen un estado de conservación excelente, a pesar de haber estado expuestos, durante más de mil años, a un clima tropical agresivo. Los científicos españoles han utilizado técnicas modernas para desentrañar este enigma, mediante: microscopía electrónica de transmisión o difracción de rayos X de alta resolución, empleando radiación sincrotrón. El resultado es que los antiguos morteros y estucos de cal incluían compuestos orgánicos y un cemento de cristales de calcita. Es decir, se trata de un biomineral como los que usan los moluscos para construir sus caparazones. Hoy sabemos que sus partículas producen unos cementos y plásticos más duros. Por lo tanto, muchas civilizaciones antiguas calentaron, agregaron agua o incluyeron ingredientes naturales a la piedra caliza para que los yesos de cal fuesen más duraderos. Por eso, han sobrevivido durante milenios. Los antiguos mayas desarrollaron una estrategia similar alrededor del año 1100 antes de cristo. Y añadieron los extractos de plantas para mejorar el rendimiento. Incluso, estas prácticas se siguen utilizando por la población local, descendiente de aquellos pueblos. Y siguen mezclando la cal con determinadas savias, sacadas de las cortezas de los árboles. Los autores del estudio recogieron muestras de yeso y estuco de ruinas mayas antiguas para compararlas con otras creadas por los habitantes locales actuales, los herederos de la tradición. En síntesis, este cemento de calcita, similar a las conchas de los moluscos o a las púas de los erizos, hace que el material sea muy resistente. Aunque haya tenido que soportar duras condiciones a la intemperie. No hace falta decir, que estas prácticas pueden servir para mejorar la conservación del patrimonio histórico y artístico actual.