LAS CÁMARAS DE LAS MARAVILLAS
Sobre este episodio
LAS CÁMARAS DE LAS MARAVILLAS Desde la prehistoria, el ser humano ha tenido afán por coleccionar objetos. Mecenas y reyes se han asombrado, durante años, por el exotismo de los animales, las plantas y las piedras que representaban para ellos la riqueza del mundo. Por ejemplo: El elefante que le regalaron a Luis catorce. Ptolomeo I, general al servicio de Alejandro Magno, fundó el Museion en Alejandría. Un lugar privilegiado, que reunía todo lo relacionado con el saber. Albergó múltiples jardines, pórticos, estatuas y salas de disección. Así, en el medievo surgen los tesoros medievales. Protomuseos que se formaban de bienes, reliquias o trofeos. Objetos que se consideraban singulares y se habían acumulado a lo largo del tiempo. Se almacenaron por su significado espiritual, simbólico y mágico. Fueron depósitos de riqueza y poder, una trascendencia que les vinculaba al poder creador divino. En los tesoros se coleccionó los exótica y los naturalia. Es decir, los objetos exóticos procedentes de la naturaleza como las mandrágoras, los olifantes, los cuernos de unicornio, las lenguas de culebra, los huevos de avestruz o los restos de gigantes. En esta época, lo monstruoso llamó la atención. Objetos paganos vinculados a la imaginería de Oriente. Los bestiarios consagran al monstruo como prodigio cristiano y es una interpretación alegórica del mundo. El humanismo renacentista cambió la concepción del coleccionismo. Surge el deseo por la apreciación estética, intelectual, hedonista y no trascendente. Se sustituye la posesión por la contemplación. En el siglo 16 los primeros viajes de exploración aportaron nuevos objetos a las colecciones europeas. Plumas de aves exóticas, adornos indígenas, semillas, frutos, orfebrería, tejidos, tapices, pieles, perfumes… Los viajes a nuevos mundos abrieron la puerta a un abanico infinito que ensanchó los límites de la imaginación y el conocimiento. En la Italia del Renacimiento, los palacios de alta alcurnia incluían, a veces, una pequeña habitación. Esta albergaba una colección privada de su dueño. En España, Carlos V gustó de cultivar la rareza y los exotismos americanos. Como el tesoro de Moctezuma que le regaló Hernán Cortés en 1519. Estos gabinetes y estudios son la matriz de las cámaras de arte y maravillas. En ellas se encontraban todos aquellos objetos, plantas, animales o minerales raros que llegaban de las cuatro esquinas del globo. La selección buscaba la universalidad, partiendo de la excepcionalidad. Estas colecciones maravillaban a los espectadores con los misterios de lo desconocido. Entre sus maravillas, ya incluían autómatas, juguetes, teatros móviles y todo tipo de objetos curiosos o exóticos. El cuerno de unicornio fue el objeto predilecto desde el medievo. Se asociaba a la Virgen y su sentido fue polivalente. Normalmente, solía ser un cuerno de narval. En síntesis, estas cámaras fueron, muchas veces, el refugio del ocultismo, la alquimia y la superstición. Incluyendo fetos de siameses, conservados en formol o animales míticos como sirenas disecadas. En ocasiones, las cámaras de las maravillas se ubicaban junto a las bibliotecas. Finalmente, a comienzos del siglo 19, estas colecciones se reordenaron y dieron lugar a una especie de museos. En resumen, a pesar de su contenido de fantasía, el recuerdo de estas cámaras sigue maravillando a cualquiera que se adentre en su historia.