VITRALES LOS COLORES DE LA LUZ Y LA FE
Sobre este episodio
VITRALES LOS COLORES DE LA LUZ Y LA FE El vidrio reúne unas cualidades excepcionales de brillo, maleabilidad y durabilidad. Por eso ha sido empleado por la humanidad desde las más antiguas culturas. Se cree que fue hallado naturalmente cuando la obsidiana se juntaba con la lava. Hay indicios de su fabricación a partir de arena y cal fundida, desde el año 2.500 antes de cristo. Primero se usó para crear armas, posteriormente herramientas y utensilios. Finalmente, para constituir objetos decorativos. En la antigua Grecia se crearon copas, vasos y platos coloreados con óxidos metálicos. En el antiguo Egipto se utilizaron utensilios de vidrios en las altas esferas de la sociedad. Sirvió para envasar objetos preciados o cosméticos. Sin embargo, el vidrio era opaco todavía. A través de los siglos se fue perfeccionando la extracción de un vidrio cada vez más puro y costoso. En el siglo cuarto pasó de las cocinas y mesas a las ventanas. Algunas iglesias románicas y monasterios ya tenían vitrales. Fueron muy poco traslúcidos, ya que se fabricaron uniendo trozos de vidrio de formas rectas con piedra o barro. Entre los siglos 11 y 12 el arte del vitral había mejorado lo suficiente como para lucirlo en lugares sagrados. Y formaron parte de las catedrales góticas. Los artesanos del vidrio sabían que, si eran contratados para un proyecto de esas dimensiones, tendrían trabajo durante generaciones. Lo habitual fue que el pater familias enseñase a sus descendientes el arte que este había aprendido de sus antepasados. Entrado el siglo 12, el arte del vitral pasó a ser un proceso meticuloso y casi sagrado. Primero se elegía el diseño y se dibujaba sobre cartones. Luego, fundían el vidrio con diversos colores. Más tarde, el vidrio era cortado sobre el diseño original y se pintaban a mano los detalles encima de este. Cada pieza se cortaba, cuidadosamente, y se unía a otra por medio de tiras de plomo del groso de un pulgar. Muchos vitrales fueron alzados a más de 20 m sobre el suelo. Tallados por los mejores maestros del cincel. Bastantes ejemplos de estos vitrales monumentales los hallamos en las catedrales góticas, principalmente de Francia. El vitral tuvo su auge en el arte gótico pero no declinó con la llegada del Renacimiento. Con este nuevo movimiento se dio más protagonismo a la luz natural. Así que los vitrales se colocaron a modo de medallones, medias lunas y otras figuras geométricas. Y ya no sólo representaban escenas bíblicas o retratos de Jesús y los Santos, sino que plasmó escenas de la vida cotidiana. El vitral albergó momentos del hogar, el campo, los animales, y los astros. Con el paso del tiempo se siguieron utilizando en todo tipo de edificios alrededor del mundo. Las técnicas se modernizaron y adquirieron un tono más realista. La Catedral de Notre Dame de París es una de las iglesias góticas más populares del mundo. Contiene uno de los rosetones más grandes que existen. Una lástima que, durante las guerras mundiales, muchas catedrales fuesen bombardeadas y sus vitrales originales, quedasen destruidos. En la Isla de Palmas y el Colonia, Alemania también hay vitrales destacados. En resumen, es un arte que juega con los colores de la luz…y, en muchos casos, de la fe.