DE LA PELUCA A LOS PELUQUEROS
Sobre este episodio
DE LA PELUCA A LOS PELUQUEROS ¿Alguna vez os habéis preguntado por qué los hombres de los siglos pasados usaban pelucas? Esas tan largas, exageradas, rizadas… Las pelucas estuvieron presentes en muchas épocas y sociedades. Incluso hoy, siguen siendo empleadas como símbolo de autoridad en algunas instituciones: Como en los juzgados ingleses o en la corte de la Haya. Se sabe que en el antiguo Egipto se usaron pelucas elaboradas con cabello humano y formaron parte de la estética de hombres y mujeres. Bastantes personajes importantes llevaban la cabeza rapada y portaban una peluca de acuerdo a la ocasión. Mientras, en el lejano Oriente, estas tuvieron relación con el teatro, la ópera china o las geishas. Para ellos representaba una especie de disfraz que les ayudó a asumir su rol en la sociedad o en los escenarios. Tanto en la Grecia como en la Roma antigua, las pelucas se volvieron un objeto de vanidad. Las mujeres las lucían como artículo de moda y estatus puesto que eran costosas y difíciles de conseguir. Se confeccionaron de cabello natural rubio, de los pocos germanos que conformaban el Imperio. Hasta que la Iglesia católica las prohibió por relacionarlas con las fiestas paganas. En el año 629, durante el Concilio de Constantinopla, amenazó con excomulgar a todo aquel que la usara. El Rey Luis catorce, en el siglo 17, se salió con la suya y empezó a usar pelucas para disimular su calvicie. De pronto, se hicieron populares entre la corte. Francia fue admirada por su estética barroca, la que se conocería como Rococó. Así que la moda de las pelucas entre la nobleza se extendió por Europa y las Colonias Americanas. Siguieron siendo un objeto de lujo y costaba mucho mantenerlas. Se hacían de cabellos humanos o de animales. A menudo se cepillaban y desempolvaban, para que no perdieran su diseño o volumen. Este delicado proceso dio origen a un nuevo oficio, el de los peluqueros. No hay que confundirlos con los barberos, que ya existían desde antes, y se encargaban del corte y arreglo del cabello natural. Además, realizaban algunas intervenciones quirúrgicas menores y extracciones dentales. A mediados del siglo 18, varias naciones europeas les negaron su derecho a que operasen. Por lo que muchos barberos se adaptaron al oficio de peluqueros. Se dicen que en 1680 Luis catorce contaba con 40 peluqueros para diseñar sus pelucas en la Corte de Versalles. Lucir una cabellera frondosa y rizada, para la sociedad de esa época, les hacía verse más jóvenes y saludables. Los colores pardos o grisáceos les concedían un aire de sofisticación. Por último, la peluca era considerada una forma de higiene. Los nobles podían traer la cabeza rapada para evitar las liendres y piojos. Desde 1770 su uso se popularizó entre las mujeres. Ellas solían preferirlas más altas y elaboradas, en colores como el pastel, el rosa, el violeta o el azul. Como eran tan costosas, fueron un objeto muy preciado para los ladrones. Un dato curioso es que en 1795 el gobierno británico decidió instaurar un tributo por el uso de las pelucas. Sin embargo, las modas no duran para siempre. A mediados del siglo 19, la gente empezó a considerar que la peluca era anticuada y absurda. Cosas de la época Victoriana, donde se prefirió llevar un estilo de vida más sobrio y funcional.