LA SOCIEDAD ADICTA AL DRAMA
Sobre este episodio
LA SOCIEDAD ADICTA AL DRAMA Drama Queen, reina del drama en inglés. Según algunos expertos, las redes sociales están creando una epidemia de adictos al drama. Un fenómeno que afecta tanto a usuarios como a medios y que va en escalada por conseguir la atención del usuario. Narcisistas, buscadores de atención o histriónicos. Es fácil reducir a los adictos al drama a un estereotipo, pero la realidad es más compleja. No tratan de llamar la atención sólo para hacerse notar, no exageran por diversión. Para ellos el drama es un mecanismo de supervivencia. Hay personas con pocos recursos emocionales para comunicar sus necesidades. O que tienen dificultades a la hora de pedir o aceptar disculpas. Así que recurren a este tipo de situaciones exageradas. Y esta adicción se propaga mediante el contagio del estrés. Es una respuesta de las neuronas espejo que hacen que empaticemos con los sentimientos del otro. El estrés que genera el drama es el estado más resonante que tenemos, el que mejor reflejan estas neuronas. Estamos evolutivamente preparados para buscar signos de estrés en otras personas. Ya que esta señal nos sirve para reaccionar ante el mismo elemento que las estresa. Vamos, que el estrés es un emoción diseñada para ser contagiosa. Es importante saber si estamos rodeados de personas adictas a este tipo de estrés o conflicto. Si lo estamos, lo más probable es que terminemos viéndonos arrastrados a ese mismo pozo también. En la televisión o en la prensa amarilla, el dramatismo, la tensión, la polémica… sirven como motores narrativos. Sin embargo, en la vida real esto conlleva un coste fisiológico. Hace 20 años esta adicción al drama se vivía de forma más íntima. Con la exposición de las redes sociales, ahora se ha viralizado. El capitalismo ha generado una economía de la atención. Es su mercancía más importante. Si logran captar nuestra atención la pueden utilizar para vendernos lo que sea, por ejemplo con anuncios. Esto da fuerza a un lenguaje más emocional, intenso. Las historias que generan tristeza, ira o miedo son las más compartidas. Y acaban colándose en nuestras redes sociales, siendo comentadas y pasando a formar parte de esa sociedad del drama. Incluso, en los últimos años, ciertos influencers han optado por subir sus fotos llorando. Buscan lanzar el mensaje de que es sano expresar tus sentimientos y no sólo mostrar lo bueno en las redes. Pero forma parte de la misma sociedad del drama. En general, cuanto más tiempo pasamos con nuestro avatar social, más desconectados estamos de nosotros mismos. Esa disonancia acaba desembocando en depresión. Como sucede con algunos adolescentes que abusan de los filtros y persiguen más likes. La política también se ha subido al carro del drama. Y es un medio que emplean para conseguir y mantener nuestra atención. En esta epidemia de dramatismo, el mundo entero es como un escenario en el que llevarlo a escena. El problema, como con cualquier adicción, es que nuestro nivel de tolerancia crece. Así que necesitaremos más dosis de drama para que algo siga captando nuestra atención. Hace 20 años los informativos necesitaban menos estímulos para mantenernos pegados a la pantalla. Ahora vuelcan más violencia, un lenguaje más intenso y contenidos más cortos y dinámicos. De manera que dentro de diez años van a necesitar una mayor cantidad de drama para seguir en la brecha. El estrés y el trauma funcionan como un pegamento social, nos hace sentirnos más unidos. Esto sería el vínculo por drama. Por eso cotilleamos, porque nos hace sentir parte de algo. Ante este panorama hay que volver a la desconexión. Meditar, practicar deporte, el contacto con la naturaleza, vivir el presente. Son las mejores técnicas que podemos emplear para no vernos arrastrados por esta sociedad del drama.