LOS MEGATSUNAMIS OLAS DE MÁS DE 500 M DE ALTURA
Sobre este episodio
LOS MEGATSUNAMIS OLAS DE MÁS DE 500 M DE ALTURA La noche del 10 de julio de 1958, en la bahía de Lituya, Alaska, comenzó una escena caótica. Estruendos, sacudidas y un oleaje gigantesco. Un terremoto de magnitud 8,3 ocasionó un desprendimiento de 90 millones de toneladas de hielo y rocas que cayeron el agua. El resultado es que produjeron olas colosales. Una de ellas alcanzó los 524 m de altura. De momento, es la mayor jamás registrada. Las paredes de agua arrasaron con 10 km cuadrados de bosques, las construcciones de los alrededores, el faro de la bahía y dos embarcaciones. Este es el megatsunami más grande de los 31 que hay registrados en la historia de la humanidad. Para diferenciarlos de un tsunami, hay que fijarse en la altura de las olas. Desde los 40 metros, se consideran megatsunamis. La otra diferencia se halla en las causas. Los terremotos son el origen principal de los tsunamis. Mientras que los mega se ocasionan por otros motivos: Grandes desprendimientos rocosos, deslizamientos terrestres o submarinos, erupciones volcánicas o la caída un meteorito grande. En los últimos cien años se han registrado 58 tsunamis. Paradójicamente los megatsunamis no son siempre devastadores. Sus hermanos pequeños, los tsunamis, pueden viajar miles de kilómetros y alcanzar costas muy lejanas. En cambio, los mayores, son fenómenos muy concentrados. Pueden ser muy destructores localmente, pero pierden energía cuando se alejan de su origen. Estos fenómenos dejan huella. Una gran cantidad de material que arrastran al fondo del mar: restos de animales, moluscos o bloques de arena. Gracias a eso, se han podido registrar. En Indonesia en 2004 y en Japón en 2011, tuvieron lugar los megatsunamis recientes más peligrosos. En el primero, las paredes de agua se elevaron hasta los 50 m en el océano Índico. Lo provocó un terremoto de magnitud 9,1 en la costa de Sumatra. Sus 230.000 víctimas mortales lo convierten en uno de los más letales. El de Japón, fue parecido. Otro terremoto de la misma magnitud generó olas de 40 m. Llevándose, a su paso, a 20.000 personas. Sólo existe un megatsunami que se produjo por la acción del ser humano. El 9 de octubre de 1963, en los Alpes Italianos, cayó una masa rocosa de 270 millones de metros cúbicos. Se precipitaron desde el monte Toc hacia el embalse Vaiont. El deslizamiento repentino levantó una ola de más de 260 metros en la ladera opuesta. Y destruyó el municipio de Longarone. Más de 2.000 personas desaparecieron por el efecto de la mega ola. Los megatsunamis prehistóricos de las islas Canarias han sido de los más revisados por la comunidad científica. Por los restos geológicos que se han encontrado, sabemos que los deslizamientos de partes importantes de las islas provocaron olas de entre 180 y 270 metros de altura. El problema es que son impredecibles. Pueden surgir en cualquier momento o lugar. Actualmente, varios grupos de especialistas trabajan con programas de estadísticas y simuladores. Tras un terremoto, pretenden estimar cuánto tiempo tardaría en llegar una mega ola. La verdad es que, en el caso de un megatsunami, no hay mucho margen de acción. Por último, el cambio climático está haciendo que grandes regiones de hielo se derritan. Estos desprendimientos podrían despertar la ira de los mares. En diciembre de 2015, la ONU estableció el 5 de noviembre como el Día Mundial de la concienciación sobre los tsunamis.