EL LORO CUANDO EL RADIOCASSETTE IBA AL HOMBRO
Sobre este episodio
EL LORO CUANDO EL RADIOCASSETTE IBA AL HOMBRO No importaba si eras siniestro, rocker, punk o Heavy. En los setenta y ochenta todos compartieron ‘loro’. El primer radiocasete llegó en 1979. Era un reproductor de audio portátil que también integraba radio. Los cassettes se podían rebobinar con un bolígrafo, preferiblemente Bic. Muchos chavales de la época bajaron con aquel armatoste a hombros por las calles. Y emularon a conocidos grupos de Break Dance del Bronx. El Hip Hop era otro sonido reciente que se escuchaba por aquellos altavoces. La ventaja del loro frente al tocadiscos fue evidente. Era más fácil de transportar y, sobre todo, tuvo un poder extraordinario de convocatoria. Te conectaba con la pandilla, te daba sentido de pertenencia. Aunque, a veces una cinta se acababa rompiendo de tanto usarla. En la radio se podía localizar emisoras de AM y FM. Y una pletina de casete con opciones para grabar, darle hacia atrás o avanzar. Las cintas de casete nacieron a mediados de los sesenta. Su mayor esplendor llegó una década después. Su inventor fue el ingeniero alemán Lou Ottens, que patentó el ingenio en 1964. Sin duda, cambió la forma de escuchar y grabar música. El casete era una caja de plástico con bobina, dos carretes y podía almacenar hasta 80 minutos de música. Para la industria discográfica fue un éxito. Supuso que la gente pudiese transportar su música a todas partes. Muchos géneros musicales como el punk o el hip hop deben a este formato, parte de su popularidad. Algunos se quejaron de que las pilas duraban poco y el aparato pesaba mucho. Esto se solucionó con la llegada de los Walkmans. Algunos, traídos desde Andorra, el paraíso de la tecnología en aquella época, por una razón de impuestos. Con el Walkman, podías disfrutar de tu música, sin molestar al resto. En definitiva, la tecnología siguió avanzando y unos dispositivos fueron sustituyendo a los anteriores. En los noventa irrumpió el CD, el disco compacto, barato y potente. La gran revolución fue cuando las ondas sonoras se midieron en bits. Y la música pasó a ser una fuente de datos. Las cintas de cassette siguieron ocupando los estantes de las gasolineras, bares de carretera o tiendas de segunda mano. El salto tecnológico trajo los reproductores Mp3, el USB y…el omnipotente streaming. Todavía, hoy en día, hay gente que sale a calle con sus modernos ‘loros’. Conectados por bluetooth desde sus móviles. Lo cierto es que este revival nostálgico no ha tenido tanto éxito como el de los discos de vinilo. Pero estar al loro fue parte de la banda sonora de muchas vidas.