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Estudios de Torá 10 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 1

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EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 1 Fiedrich Weinreb Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/15/estudios-de-tora-10/ El calendario judío y sus fiestas Friedrich Weinreb despliega en este libro su inmenso saber, sus conocimientos recogidos en la tradición judía que, como sabemos, remonta a los tiempos del Sinaí. Tiempos de Moisés, Moshé 40-300-5, se escribe igual que ha-Shem 5-300-40. Curiosa coincidencia. El libro que tenemos en mano es una colección de piedras preciosas, diamantes, rubíes, zafiros, esmeraldas preciosamente envueltas, para que, al desembalar, sintamos el olor y la melodía del mundo de su procedencia. No existe otro mundo de mayor belleza, de mayor alegría, y poder desembalar tal regalo, es ya en sí, un obsequio grandioso. Friedrich Weinreb es uno de los hombres muy grandes del siglo pasado. Su visión de unidad, tan aguda y clara, y sus grandes cualidades de narrativa han permitido que podamos hoy disfrutar de textos y comentarios que hubiese sido muy difícil encontrar, sin él. Él transmite palabras de la tradición judía, de la Torá hablada. A veces, palabras arriesgadas, que se escriben con cierto temor, pero, como él mismo dice, el secreto se protege a sí mismo. Estoy convencida de que así es. El secreto está tapado por un velo, que impide la mirada profana. Deseo pues que el lector sea capaz de desembalar el regalo y de disfrutar de su excepcional contenido. Con la alegría consiguiente. Primer Capítulo: Comienzo del año bajo el signo de Jano. La cara doble del año. Tiempos de guerra tiempos de paz. Mitos y mitología. El calendario como lazo de unión entre lo temporal y lo eterno. El tiempo en la Biblia. Los dos días de año nuevo. Repetición como cambio. Creación en la palabra vayyízer. La creación del ser humano en el sexto día. Rosh ha-shaná, año nuevo y zom Guedaliá. El libro de la sucesión de generaciones. Nisán en el espejo de Tishri. Queremos hablar del calendario; es la estructura, la organización del tiempo. Y quiero comenzar de inmediato con lo práctico; quisiera renunciar a una introducción, sin embargo, debo hacer algunos comentarios preliminares. Pensamos que no hay nada detrás del calendario habitual que utilizamos, el de todos los días. Tampoco nos preocupa demasiado. Por ejemplo, no reflexionamos sobre por qué el año comienza con el mes de enero. No ha sido siempre así. Aún puede verse en el nombre de los meses, septiembre, octubre, noviembre, diciembre que de hecho representan al séptimo, octavo, noveno y décimo mes. Originalmente la cuenta comenzó en primavera, aproximadamente en el mes de marzo. Y tiene que ver con otras razones diferentes de las que ahora suponemos. Si el año comienza en marzo, septiembre es el séptimo mes. Pero si comienza en enero, ese cálculo ya no vale. Vemos pues, que no es tan natural que el año comience con enero. La primera vez que se estableció así fue en los tiempos de los romanos, hasta donde podemos seguir el trazado. En aquel entonces se tomó como primer día del año, el día siguiente a la luna nueva, después del solsticio de invierno. Y puesto que la luna cambia sin cesar, esa fecha no caía en cada año en la misma fecha. Así, en todo caso, sería en un principio. El nombre “enero” tiene que ver con Jano (Januarius es enero), es decir con la cara doble que mira hacia dos lados. No se trata solo de que esté mirando hacia el año nuevo y hacia el viejo, que es verdad, pero hay mucho más. El año nuevo se caracteriza ante todo por la dualidad en la creación y, en este punto, se muestra esta dualidad. Vemos que el año nuevo tiene claramente dos caras: “Janus” significa “puerta”, puerta de casa; igualmente “janua”, su forma femenina, significa: en el comienzo del año vemos una puerta por la cual se puede entrar y salir hacia ambos lados. Se cuenta de la puerta principal del Templo de Janus: el Templo era cuadrado y tenía en cada lado una puerta y tres ventanas que normalmente estaban cerradas. Sin embargo, en tiempos de guerra estaban abiertas. Entonces hay un choque, la dualidad se manifiesta. El emperador Augustos se vanagloriaba de que durante su reinado esa puerta estuvo abierta menos tiempo que durante otros reinados. Con ello quería decir que había más paz en su tiempo. Que la puerta se abra significa, por tanto, que el mundo tiene dos direcciones. El comienzo del año nuevo señala ya que, de hecho, hay algo que está en conflicto. ¿Cómo es posible? pensamos. Los griegos lo llamaban “ta adinata”, el momento en que lo imposible se vuelve posible. Nosotros decimos: “cuando Pascua y Pentecostés coincidan…”, lo que es imposible a todas luces. Hay pues algo inusual y nos preguntamos ¿cómo es posible que ya desde el principio haya conflicto? Es el asombro porque este mundo sea así, porque todo sea así. Es la maravilla de que lo nuevo en este mundo de la creación sea así. Nos asombramos ante la dualidad, ante el hecho de que la vida y la muerte puedan ser al mismo tiempo. Como la luz y la oscuridad, el cuerpo y el anticuerpo o alma, no importa como se llame, el creador y el mundo que aparentemente está cortado de Él. En una palabra: todo existe al mismo tiempo. El nuevo año trata, pues, del hecho de que la creación se manifieste de nuevo. Por ello, el año nuevo tiene momentos, no importa si lo creemos o no, en los cuales puede decirse: Aquí está presente en el mundo algo que hace posible que la creación sea mientras, de hecho, no podría ser del todo. Que una vaca baile en una cuerda es imposible. Se trata, pues, de cosas que son imposibles. De todas formas ¿cómo podía crearse este mundo? Es del todo imposible. Ese asombro es el momento del año nuevo, la maravilla de la creación. No se trata de ningún asunto de utilidad que tengamos, por ejemplo, un calendario para anotar las reuniones. El calendario era y es expresión de una relación que está preconcebida, en el sentido de que los dos lados de los que hemos hablado, son uno mismo. El asombro del año nuevo consiste en que aquí comienza algo que, desde el inicio mismo, tiene dos lados. Por ello, en la tradición siempre ha sido así, que el año nuevo judío tenga dos días, un día y otro día. Ese segundo día no es un día festivo como en otros casos. No, pero muy claramente se trata de dos días. Es la dualidad de la creación que dice: Lo que aquí llega tiene presencia dual. Hay una puerta. Se viene de algún lado y se va a algún lado. Y esa puerta está abierta cuando le sucede al ser humano algo malo, como una guerra, catástrofe, desesperación, malentendido. ¿Cómo puede originarse algo así? En general decimos: si hubiese algo de entendimiento (intelectual), no habría guerra. Pero yo creo que, a más intelecto, más guerra. Es algo que llega porque tiene que llegar. Como todas las cosas en este mundo crecen y tienen su tiempo, caen enfermas, tienen su tiempo de despertar y de dormir, así también debe de existir una noción más correcta de lo que llamamos guerra. En cualquier caso, existiría. Estamos muy inclinados a considerar las guerras como una especie de desgracia. Hubo un malentendido y, en consecuencia, nos avergonzamos. ¿Pero por qué hemos actuado así? El ser humano no propicia ninguna guerra y tampoco puede evitarla. La guerra se origina por los motivos más curiosos. ¿Por qué nos comportamos tan locos, tan rabiosos, para hacer semejantes cosas? Cuando todos los pueblos quieren la paz, siempre surge uno que no está a gusto. Es así y siempre será así en el mundo. Ya sean nazis, rusos, chinos, franceses o escoceses, siempre hay alguien que está dispuesto a atacar y otro a ser atacado. Llevan la zozobra al conjunto y entonces se abre esa puerta. Realmente debiéramos decir: la guerra es anormal, es un acontecimiento muy grande. Cuando esa puerta está abierta, se puede echar un vistazo a dos mundos. Si está cerrada, si vivimos años de bonanzas materiales, se ve un lado nada más. Pero también entonces hay dos lados, aunque al lado opuesto no se le presta ninguna atención. Sin embargo, en una guerra, la puerta se abre hacia los dos lados. Por ello, la guerra es diferente de lo que podamos pensar dentro de nuestro esquema de utilidades. Para nosotros es una especie de desviación del sano sentido común. Tampoco una enfermedad es algo causal, en el sentido de que sea consecuencia de una mala vida, un castigo. Puede suceder que alguien viva de la mejor forma posible y a pesar de todo caiga enfermo. Y, por otra parte, alguien puede ser muy malvado y estar muy sano. No tiene nada que ver con ser razonable y vivir una vida correcta. Hay personas que optan a enfermar y siempre permanecen sanas y otras que toman todas las precauciones y enferman en los momentos más inoportunos. Esos acontecimientos tienen otro origen, como también las guerras tienen otras causas. Nos gusta girar en círculos y mediante un pensamiento superficial, construir causalidades que tengan la apariencia de que algo puede suceder o no por nuestra causa. Y nos echamos sermones, como los pedagogos: si solo viviéramos correctamente y si fuésemos razonables, viviríamos más años y en los países subdesarrollados tendrían comida. Pero es un intento inútil, es la historia de Sísifo, y todo lo demás son circunstancias que tienen lugar en los mundos inferiores. Nunca sale bien. Lo que se pone de un lado, se pierde del otro. No se puede cambiar. Y las palabras aquellas que dicen ‘hasta el final de los días habrá guerra y rumores de guerra’ no son palabrería vana. Contienen muchísima verdad. También en el ser humano, esa dualidad está siempre. Por ello en los relatos de la Biblia, aquellos con los que Dios habla, como se dice, experimentan mucho. Para ellos, la puerta está permanentemente abierta. Son atacados, deben salvar a otros, tal como es el destino de Abraham. Siempre pasan cosas. Las están pidiendo, dirán. No. Las cosas les están buscando a ellos. Viven de tal forma, que siempre se les encuentra. La puerta para la conversación está siempre abierta. Se ve este y el otro mundo. Jano está señalando constantemente a ese y al otro mundo. Y constantemente ves esta confrontación y te das con la cabeza contra la pared: es imposible, ¿cómo puede ser? ¿Cómo pueden los seres humanos ser así? Es que no son seres humanos, son otras fuerzas, son demonios o gigantes; no sé lo que son. En la mitología son conocidos, pero hoy aquí ya no. Pero están; y están siempre muy ocupados en hacer cosas de las que decimos: es realmente malo lo que está sucediendo. No es necesario que dé ejemplos. Cada uno puede encontrarlos por sí mismo y reflexionar sobre cómo van las cosas. Recordemos pues, que en el caso de los patriarcas y de los demás personajes de la Biblia, desde el primer minuto hasta el último hay guerra, ininterrumpidamente. La puerta está siempre abierta. Y la creación mediante la cual esta dualidad entra en el mundo y en cada uno de sus días, está en la imagen de la puerta abierta y señala dos caminos: un rostro mira hacia este lado, y el otro hacia el contrario. Pero nosotros ya no lo percibimos así, estamos divididos, vivimos disociados. Nuestra puerta está cerrada. Podríamos abrirla únicamente mediante cosas especiales, que sucediesen en nuestro pensamiento o en nuestros actos. Entonces la puerta se abriría. Pero actualmente vivimos de tal forma que miramos hacia un lado solo, y con nuestro intelecto, habitualmente, pensamos en un lado nada más. Pensamos de forma causal. Otra forma de pensar nos parecería extraña, sin sentido. Pero ese “sinsentido” se encuentra a veces en aquello que llamamos “arte”. Un poeta, un pintor puede captar ese sinsentido. Y la pregunta sería: ¿cómo ha llegado allí? Es lo que se muestra como “estar despierto”, aquello que dice que tiene dos lados dentro de sí, simultáneamente. Podría decir, por ejemplo: eso es verde y tampoco es verde, eso es así y al mismo tiempo diferente, no siempre es lo mismo. Pero en general queremos que esa puerta quede cerrada, y esos años serían “años de bienestar material” para nosotros. Pero ese bienestar es siempre un grandísimo peligro. Conocerán seguramente aquel versículo de la Biblia que dice: y engrosó Yeshurún y tiró coces. Es decir, engordó y se volvió tonto. Así está escrito al final del libro de Deuteronomio. De la misma forma se cuenta de Jacob y Esaú, que Esaú recibe la montaña “Seir” al principio mismo “har seir” 5-200 300-70-10-200 y allí se queda hasta el final de sus días, allí vive. Jacob, por el contrario, vive en muchos sitios y sigue teniendo esa tendencia hacia los cambios. En él no existe la tranquilidad. La noción Jano, que viene de los tiempos romanos, posee ya ese conocimiento. En nuestros tiempos estamos siempre dispuestos a mirar con cierto desprecio a los romanos, en cuanto a sus conocimientos. Eran filósofos y escritores, y eso está bastante bien, pero eran paganos y no sabían nada. La verdad es que sabían mucho. Un pagano no tiene por qué ser ignorante, solo es alguien que actúa de forma incorrecta y saca conclusiones erróneas. Un pagano puede tener muchos conocimientos, de ninguna forma es primitivo o tonto, puede ser muy inteligente. Si solo se tratara de una especie de ignorancia, con una enseñanza específica, el paganismo quedaría eliminado. Pero lo que se ve es justamente lo contrario: cuanto más conocimiento, más paganismo. No puede ser la causa, por tanto. También en los tiempos romanos había algo que sigue viviendo dentro de nosotros: el conocimiento de otras cosas. Aún estaba viva la mitología, no se consideraba anecdótica, se creía que se trataba de realidades que existían en una realidad diferente de la nuestra. Hoy en día hemos perdido mucho de esa otra noción. Pero no significa, aunque no tengamos relación con ella, que no siga existiendo. Existe y está muy viva, y de vez en cuando irrumpe en sueños o cosas que hacemos. Se comenta entonces: “esa persona actúa de forma muy curiosa, está totalmente equivocada”. No es casualidad que también en la psicología se hayan introducido nociones de la mitología, porque se piensa que diferentes cuentos mitológicos siguen mostrando verdades del ser humano. El tan famoso complejo de Edipo, por ejemplo, solo es uno de muchos otros complejos. Existen, y de pronto se manifiestan en una persona. Si esto sucede, esa persona vive experiencias que encajan del todo en uno u otro relato de la mitología. He vivido en Indonesia y un psicólogo de allí me contó que lo típico allí es que la gente no viva en el sentido de la mitología griega, sino de la india. Imitan algo o irrumpe algo de lo que vivieron allí. Muchas veces eran personas del pueblo, absolutamente normales, que a veces entraban en un estado extraño. Ese psicólogo me contaba relatos de la antigüedad india y decía que la gente actuaba según ese diseño. Me dijo también que los chinos actuaban según los relatos chinos, que de nuevo eran totalmente diferentes de los relatos griegos o indios. Vemos así que también el lugar donde vive la persona, donde ha crecido y tiene durante mucho tiempo relación de la tierra con el cielo, la forma de alguna manera y determina su modo de actuar y de pensar. Que los romanos lo sabían nos indica que poseían cierto conocimiento, que estaba mucho más vivo que hoy. Casi podría decirse −y quizás no me estoy expresando de forma lo bastante científica y quizás tampoco le doy el fundamento psicológico necesario, pero para mí es así− que vivían en estado de vigilia lo que hoy en día solo podemos soñar vagamente. Estando despiertos tenían relación y vivían con muchísimas cosas que hoy en día solo podemos vivir en el sueño, y eso, si nos acordarnos de lo que hemos soñado. Porque al despertar, esa comunicación se mezcla con muchas otras cosas, de tal forma que no es posible decir con exactitud lo que se estaba soñando. Pero se sabe que ese conocimiento existía y sigue existiendo y que se manifiesta de vez en cuando, incluso aquí. Pero hace tiempo, en la vida normal, había una mayor relación directa con esa otra realidad. También sé, por la vieja literatura judía, de personas que sabían ciertas cosas en estado despierto. No en el sentido de que tuvieran visiones o cayeran en trance y luego ya no supieran lo que había pasado. Se trataba de cosas de las que decimos que solo podrían haberlas soñado, porque ¿de dónde si no? El paso al otro mundo era mucho más suave, más fluido, más desfigurado podríamos decir. Se vivía más en ese otro mundo. Alguna vez se dijo es una hipótesis y la digo con cierta precaución, sin afirmar que sea así, solo que podría ser así, que cuando la consciencia se volvía más y más hacia lo exterior, hacia la manifestación concreta, pasó aquello que conocen de mi primer libro La Biblia, Divino Proyecto del Mundo. Se trata de la toma del árbol del conocimiento y, con ello, de la apertura de los ojos corporales, mientras, al mismo tiempo, el otro ojo se cerraba. Y en la medida en que miramos las cosas exteriores y sacamos las conclusiones de allí y solo de allí, más las encontramos de suma importancia y nos agarramos a ellas y en esa misma medida ese otro ojo se cierra. Se cierra y el mundo exterior se despliega delante de nosotros. Pensemos en el relato de “Kaín” 100-10-50 que mata a Abel. Es el cuerpo que mata al alma. Y ese cuerpo en lo sucesivo se desarrollará enormemente; “Kaín” se convierte en constructor de ciudades, en hombre de técnica y de cultura. Todo ese mundo se abre, pero lo otro queda cerrado, está muerto. Abel a partir de allí ya no dice nada. Cuando Dios le pregunta a “Kaín”: ¿dónde ha quedado Abel dentro de ti? Te he creado dual, así y también diferente. ¿Dónde ha quedado tu otro lado? Entonces el ser humano se irrita: ¿Y qué? ¿Qué tengo yo que ver con todo eso? Yo no le he creado y no soy su guardián. No, no eres su guardián, pero vives con él. Eres una dualidad. Significa: cuanto más abrimos un lado, más nos falta del otro. Fabricamos rayos láser, centrales nucleares, etc., una inmensa multitud de cosas materiales se imponen. Casi podríamos decir que nos vemos obligados a descubrir todo eso. Son cosas que nos caen, con los ojos cerrados, como en el sueño, nos cogen desprevenidos. Es una bendición, pensamos. Sí, pero es una bendición dudosa, porque la otra realidad se retira más y más, y terminamos por vivirla únicamente en el sueño. Y los sueños se vuelven técnicos, soñamos con la construcción de un nuevo coche, por ejemplo. Vamos perdiendo la otra realidad, porque fijamos toda nuestra atención únicamente en la realidad material, en la técnica, en la ciencia. Poseer un coche no quedará impune. Se puede tener, naturalmente, yo también lo utilizo de vez en cuando, si se da la posibilidad de que alguien me lleve. Pero es que nos arrastra. Y tampoco la luz de neón es un asunto sin consecuencias, también esa luz nos arrastra. Sería fácil decir: “bueno, tengo que eliminar la luz de neón y el coche con sus gases contaminantes”, pero la verdad es que no lo decimos. Pero tengamos por seguro que todas las conquistas materiales tienen consecuencias: el otro ojo, la otra realidad se cierra y al final ya ni sabemos que existe. Es cierto que puede llegarse a esa otra realidad en trance, pero es un camino erróneo. Hace poco le decía a una señora que estaba mencionando algunos libros de kabalá 100-2-30-5: “Casi mejor que los dejes de lado”. No conozco esos libros, pero sé que no pueden ser buenos, porque hoy en día no existe ya nadie que pueda comprenderlos. Ya no tenemos acceso a la auténtica kabalá. Y porque hace años he hojeado ciertos libros que se pretenden cabalísticos, puedo decir con fundamento: ¿cómo es posible que alguien escriba semejantes tonterías? No puedo decir otra cosa, sino que son tonterías. Cuando se sabe lo que es la cábala, puede decirse que es pura tontería, insensatez, irresponsabilidad. Aunque hayan sido escritos con la mejor voluntad del mundo. No digo que esos libros de pretendida cábala sean un engaño premeditado. No creo que sus autores sean más tontos que Einstein, Freud o Jung. No digo que sean personajes malos o tontos, todo lo contrario, hay personas muy cualificadas entre ellos, pero toda esa área es inaccesible hoy en día para nosotros. A veces, si leo un libro de Einstein, por ejemplo, Mi concepto del mundo, no sé si lo conocen Vds., me pregunto: ¿cómo es posible que ese hombre pueda decir semejantes cosas? Solo queda por constatar que las realidades pueden ser tan distantes, que surgen diferentes mundos. Entonces, uno de esos mundos es la cábala, y el ser humano anhela tener relación; siente que en la vida no hay solamente cosas materiales, que hay mucho más. Y le gustaría tener esa relación, pero se encuentra ante un obstáculo insuperable: el otro ojo está cerrado. Un hueso ha crecido por encima y, además, pelo. Se puede ensayar con algo aquí y allá para abrirlo, pero no es nada seguro, y otro tipo de fuerzas aparecen en el intento. No me gusta la palabra “demonios”, porque ¿qué son los demonios? En todo caso, ciertas fuerzas caóticas que invaden al ser humano, porque el ojo está cerrado y porque debe estar cerrado. Así no puede adelantarse nada. Aunque podría decirse: “Tengo ordenadores, cinta magnetofónica, un coche y todo lo demás; y eso otro también”. Puede, pero en general esas cosas no van juntas. Y no lo digo para reírme de cierta gente o para molestar, y quizás exagero un poco, pero esas cosas no van juntas. Un médico que cree que tiene que prescribir inyecciones, quedará imposibilitado para otras cosas. Y no puede decirse: bueno, entonces que no las prescriba, porque en ciertos casos debe hacerlo. Y esa es la desgracia. Necesitamos el coche y el avión. Lo que pasa es que, utilizando estas cosas, otras posibilidades se cierran. Si se me pregunta si debe hacerse esto o aquello, digo que es muy difícil aconsejar en este asunto. La responsabilidad es muy, muy grande. Algunas veces, si conozco a la persona, me permito decir algo, pero en general no lo hago. Tampoco debo hacerlo, podría tener consecuencias desagradables. Solo quiero decir que no puede hacerse lo uno y lo otro. Que el mundo se haya desarrollado así y que todo se haya convertido en lo que tenemos hoy, ha tenido que ser así, si no, no se hubiera dado. Es el camino que estamos andando. En el libro antes mencionado, La Biblia, Divino Proyecto del Mundo, he expuesto cómo siempre de nuevo el mundo va en ese camino. Consideremos, por ejemplo, la generación del diluvio, mabul40-2-6-30, la generación de la construcción de la torre de Babel, “dor haflagá” 4-6-200 5-80-30-3-5 y la generación de Egipto “Mizraim” 40-90-200-10-40, donde se alcanzó la cima del desarrollo. La generación de la torre de Babel, la generación de la confusión del lenguaje era quizás, veámoslo así en el mundo de entonces, mucho más adelantada técnicamente que nosotros, o en todo caso, tanto como nosotros. No termina en catástrofe, es decir, no se describe aquella situación como catastrófica, más bien, se va pasando, transitando a otro mundo paulatinamente. Es posible que, en un día soleado de primavera, que haya paz en la tierra, de pronto pase algo con el mundo y con el ser humano. Pasamos a otro mundo, el tren sigue funcionando y el bus llega con puntualidad. Y, visto desde esta perspectiva, no pasa nada de nada. Pero ha sucedido algo enorme. Dirán que quizás debiera haberse notado el estallido de un volcán, fuertes tormentas o similares. Pero no es necesario, puede pasar en el silencio. Puede ser que un paso así suceda y nadie se dé cuenta, porque se da en un mundo que no es solo nuestro mundo. Algo pasa, pero no tiene por qué mostrarse aquí aún. Todo puede seguir tal cual, en la política no ha ocurrido nada extraordinario en esa fecha, a condición de que sepamos la fecha. Es decir, no tiene por qué mostrarse aquí en catástrofes gigantescas. Aunque también es posible, pero no es necesario. Si ahora volvemos al principio del año con ese Jano, vemos cómo el principio muestra esa dualidad, de la misma forma que el árbol del conocimiento y el árbol de la vida están los dos en el centro del jardín. ¿Cómo es posible que dos árboles estén en el mismo sitio? Una elipse, decimos. Se trata de esa puerta, abierta hacia este y hacia aquel lado, que da comienzo al mundo. Con el primer día del primer mes en el conteo del tiempo judío, se muestra algo curioso. En la tierra se erige el “mishkán” 40-300-20-50, el tabernáculo, en un solo día. ¿Y qué es este tabernáculo? Es la casa que está en el cielo, en ese otro mundo, y que entra en este, nuestro mundo. ¿Cómo entra? ¿Y, en todo caso, cómo lo aguanta este mundo? Se trata de algo muy concreto. Es una de las características del primer mes. Nos encontraremos con muchas otras facetas en nuestras conversaciones sucesivas, pero esta es una de ellas. El año judío comienza, curiosamente, en dos fechas: el 1 del mes de “Tishri”, el primer día del séptimo mes y el 1 de Nisán, el primer día del primer mes. Sí, pero ¿dónde comienza de verdad? En las dos fechas al mismo tiempo. De la misma forma, dice la tradición que el diluvio comenzó el 17 del segundo mes, “Iyar”; otros dicen que se trata del mes octavo, Jeshván. ¿Por qué se están complicando la vida? ¡Que hagan una encuesta para ver quién tiene razón! ¿Y por qué dos comentarios que dan respuesta a la misma pregunta, uno dice sí y el otro no? No quieren molestar, porque las dos respuestas son correctas, porque se puede mirar hacia dos lados. Si existiera una sola verdad, una persona moderna de la universidad, algo engreída, podría decir: “Lo averiguaré. Uno de los dos tiene razón. No es posible dos verdades a la vez”. ¿Conocen la historia del juez turco? Dos hombres tienen un conflicto y ahora están delante del juez. El juez escucha al primero y le dice: “tienes razón”. El otro, protestando, cuenta también su historia y de nuevo dice el juez: “tienes razón”. Los oyentes exclaman: ¿cómo es posible que los dos tengan razón? A lo que el juez contesta: “también vosotros tenéis razón”. Es dual, la razón le pertenece al uno y al otro. En la tradición, es decir en la cábala (kabalá en hebreo, significa ‘recepción’), se da la respuesta siguiente: si uno dice que son las doce de la noche, el otro dice que son las doce del mediodía. ¿Por qué? Porque es cierto lo uno y lo otro. Debemos aprender que ambas respuestas son correctas. Uno dice que la salvación se mostrará así, el otro, que se mostrará de forma diferente. Pero ambas opiniones son verdaderas; y a veces hay más de dos verdades. Pueden abrirse hacia dos lados. Es algo que está muy diferenciado, se trata de una armonía muy diferente de la que conoce nuestro pensamiento lógico causal. Se trata de conexiones totalmente diferentes. Debemos tomar muy clara consciencia de estos hechos, al hablar del comienzo del año nuevo. Consideremos otra faceta del año nuevo. Porque hoy en día tenemos también el 1 de enero, pero este primer día de enero ya no es el primer día después de luna nueva, después del solsticio de invierno. Se trata de una fecha fija. Debemos saber cuál es la conexión entre las diferentes fechas dadas. Porque no se trata aquí de un relato histórico, sino de principios. Es peligroso situar algo en la historia, porque se está mirando a un lado nada más, con la consecuencia de que el otro lado terminará por desaparecer de la vista. Entonces solo existirá el tiempo y el otro lado quedará olvidado. Sin embargo, existe el tiempo y existe lo otro. También el tiempo es algo que permanece siempre. ¡Imaginémonos que no existiera siempre! Sería una mentira. Por supuesto que existe el tiempo, pero dentro del tiempo existe también lo otro, aquello que no conoce el tiempo, que anula el tiempo, que no acepta nada del tiempo. Todos conocemos ciertos acontecimientos, que nunca han podido probarse del todo, en los que alguien que muere, en el momento de la transición, se manifiesta en otro lugar, a miles de kilómetros de distancia. Circulan muchas historias de este tipo entre la gente. Serán verdad, seguramente, pero ¿quién puede probarlas? ¿Dónde buscar la prueba? Pero son tan abundantes que algo de verdad debe haber. En todas las vidas hay momentos de esta índole. Pensemos en la telepatía. Los animales muchas veces tienen presentimientos y podemos preguntarnos ¿cómo puede un animal saberlo? Otras veces, nosotros mismos pensamos después: ¿cómo he podido saberlo? Vemos, pues, que hay regiones donde suceden cosas que no tienen nada que ver con el tiempo, pero que son tan reales como el tiempo mismo. La educación que recibimos en la escuela es perversa, porque induce a pensar que algo deba ser de cierta forma, solo, porque se nos ha dicho que deba ser así. Si fuese de otra forma molestaría y, como consecuencia, nos hemos acostumbrado a eliminar ese otro lado, echarlo fuera. Si se lee algo en este sentido, se olvida pronto porque molesta a la imagen de la vida que hemos construido. No se quiere saber nada de aquello que pudiera destruir nuestra tranquilidad. Y, a pesar de todo, existen evidencias a nuestro alrededor que dejan entrever que existe el tiempo y la ausencia de tiempo. Que un acontecimiento puede situarse en el tiempo y también fuera de él. Es decir, que no tiene nada que ver con el tiempo. No está atado a un solo instante, más bien domina a todos los instantes y está siempre. Así se dice de algo grande: “Vive y existe”, lo que significa, “vive siempre”. En la tradición judía se dice que David, rey de Israel, vive y existe. Como contrapunto a aquello que dice que ha vivido alguna vez, en el año tal, y luego se murió. Se puede visitar su tumba y con ello el asunto queda finiquitado. Ver solo el lado de la historia es una especie de paganismo. Pero no, está siempre. Es cierto que ha estado aquí, ha vivido aquí, pero de otra forma se manifiesta siempre y por doquier. No se trata de algo que ha ocurrido puntualmente, una sola vez. Hay que evitar colocar un asunto únicamente en el tiempo. Lentamente −es la ventaja de tener que acumular mucho conocimiento− uno se da cuenta de que la historia parece ser otra cosa, diferente de lo que se haya pensado y siga pensándose. Tomemos algo del cristianismo: justamente hoy, alguien me contó que había leído cierto pasaje. Se había encontrado o descubierto un rollo de pergamino que demostraba que el signo de la cruz era conocido mucho antes de Cristo. ¡Pero naturalmente! ¡Imaginemos que se hubiera descubierto solo hoy! La cruz es una señal muy antigua. Si se tratara de un descubrimiento histórico, se diría: desde tal o tal fecha existe la cruz. Pero no es cierto. Es tan antigua como el mundo mismo. Es algo que pertenece al ser humano, a su historia, y que está al mismo tiempo fuera del tiempo; no necesita estar en el tiempo para poder existir. Ciertamente está también en el tiempo, pero no solo allí, también está en otro lugar. Fíjate en los dos lados, en este y aquel. Mira hacia los dos lados y mantén la puerta abierta para que la vista pueda abarcar todos los mundos. En el cristianismo, por ejemplo, el 1 de enero está relacionado con cierta costumbre, que tiene que ver con el octavo día después de Navidad. En el calendario está escrito: día de la circuncisión del Señor. Se trata de un octavo día, de un mundo nuevo, lo viejo ha pasado del todo. También aquí, la vista hacia los dos lados: los siete días de antes y el octavo en que se abre un mundo enteramente nuevo. Que el 1 de enero esté para fuegos artificiales y comer un menú especial, es otra cosa. Aunque creo que esas explosiones luminosas tienen que ver con la constatación de lo imposible, con ese asombro: ¿cómo es posible? Se siente la unión con otros elementos, otros mundos. Aunque quizás, hoy ya no. Nos hemos vuelto tan técnicos que el 1 de enero es un día libre, sin más. Todo ha cambiado. Y eso es lo malo, que lo de antes haya perdido todo sentido. Hoy en día se hace todo con vistas a la utilidad, también la tendencia de reformar el calendario, simplificándolo. Los días festivos están tan irregularmente distribuidos en el año, que podría reventarse de rabia. Pero puede cambiarse, para que podamos calcular mejor con el ordenador. Lo mismo pasa, por ejemplo, con el mes de febrero, que es un mes molesto para el estadista; imagínense ¡10% más corto que marzo! De ahí que todas las estadísticas bajen en febrero. Un político de la oposición podría señalar aquí: ¡Qué mal lo ha hecho el Gobierno! En enero iba todo tan bien y de pronto este empeoramiento. Hagamos todos los meses con 30 o 31 días. Todo debe estar al servicio de la utilidad, de la técnica, de lo exterior. Se quiere uniformidad, y se va perdiendo lo otro. Se está creando una humanidad que será incapaz de comprender aun las cosas más corrientes del mundo. Echemos un vistazo pues al calendario. Ya solo por su forma vemos que no tiene nada que ver con la relación entre el tiempo y lo que está fuera del tiempo, por encima del tiempo, por así decir, que ya no tiene nada que ver con el cielo. La astrología, tal como se utiliza hoy, es un asunto ridículo. Pero si nos ocupáramos de la relación entre el cielo y la tierra, habrá ciertamente algo merecedor de consideración. Hay personas que tienen apariencia de león o de cordero. De vez en cuando ocurre. ¿Cuál será la razón? ¿Cómo es posible que alguien tenga esa apariencia o ese comportamiento? No se trata de un patrón, hay mucho más detrás. ¿Por qué todas las huellas dactilares de todos esos miles de millones de personas son diferentes? ¿Y cómo puede ser que el momento del nacimiento tenga que ver con ello? Hay otras características que también varían de persona a persona, la cabellera, por ejemplo. ¿Por qué? Sería mucho más fácil si todo fuese uniforme. Para la estadística, para la industria de la confección. Hay algo que visiblemente crea unión con otros elementos, pero no queremos que sea verdad. Y las huellas dactilares son utilizadas en la criminología y los diferentes tipos son muy útiles en la búsqueda de personas. Ese tipo, por ejemplo, no llegará nunca a ser director; ese otro será solo subalterno. Otro valdrá para dibujante y aquel para futbolista. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/15/estudios-de-tora-10/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com

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